La falta de control convirtió al sistema financiero en un ‘casino’, afirman analistas.
La falta de control al sistema bancario en Estados Unidos dio origen a la crisis financiera internacional, afirman analistas.
Los principales bancos de Estados Unidos, país ícono de la libre empresa y el capitalismo, caen y dejan miles de millones de dólares en pérdidas; la economía se estanca y las bolsas caen ante el asombro mundial.
La crisis es de tal magnitud que como tabla de salvación el gobierno plantea un plan de rescate que inyectará al sistema financiero 700 mil millones de dólares y que fue aprobado el viernes por el Congreso.
Todo empezó cuando se crearon los préstamos hipotecarios de alto riesgo, conocidos como los “subprime”, para clientes sin empleo, sin ingresos fijos ni propiedades.
Así empiezan a caer los principales bancos de EE.UU., dejando miles de millones de dólares en pérdidas; los precios de las casas se colapsan, pero cientos de miles de estadounidenses las pierden al no poder pagarlas.
Estos créditos difieren de los tradicionales, en los que el banco presta un porcentaje del costo de la vivienda, que queda sujeta a hipoteca, y en los que el número de préstamos se ve limitado por el capital de la entidad financiera, como ocurre con los de la banca privada y el Seguro Social en Ecuador.
Los subprime se otorgaron con intereses variables que eran muy bajos los dos primeros años para atraer clientes, pero que luego incluso se duplicaban.
Esta persona sin ingresos fijos, a la que nadie le prestaba, de golpe obtiene dinero para la casa de sus sueños, muebles, coche y vacaciones.
Sus amigos y familiares corren a buscar dinero y el banco otorga gran cantidad de estas hipotecas, explica a la BBCmundo.com, Leopoldo Abadía, ex profesor del Instituto de Estudios Superiores de Empresa, en España.
El nuevo modelo permitió a los bancos obtener más recursos al “titularizar” los documentos de los préstamos; es decir, usar como respaldo los pagarés y otras obligaciones de los hipotecarios para “emitir”, o sea crear, bonos y otros papeles comerciales conocidos como “instrumentos derivativos complejos”, que se vendieron a bancos de inversión como el Lehman Brothers, con los créditos riesgosos como garantía.
El mecanismo de venta y reventa de estos papeles es tan complejo que analistas creen que muchos en el mercado no saben dónde está su dinero.
Merrin Somerset Webb, editora de la revista Moneyweek, resume que el problema es que “ahora los bancos otorgan muchísimos préstamos que empaquetan como nuevos productos (documentos) financieros, los venden a otras entidades y les llaman “securities”. Cuando los deudores dejan de cancelar, nadie sabe quién tiene la parte de la deuda que no se pagará”.
Mientras tanto, ahorristas en todo el mundo compran “fondos de inversión” con paquetes de deudas incobrables.
Luego de un tiempo estos créditos subprime son impagables y los bancos embargan casas que bajan su precio por la gran oferta y poca demanda.
Los bonos o derivados que se originaron por los subprime alcanzan a seis billones de dólares, seis millones de millones, de un total de 27 billones del mercado de EE.UU.
Los bancos suben los intereses y aumentan los costos de hipotecas. La gente tiene menos dinero y compra solo lo necesario, las empresas venden menos y despiden personal, reduciéndose el consumo.
Pese al plan de rescate del gobierno, que se prevé privilegia salvar a las entidades financieras, se calcula que dos millones de familias no pagarán sus casas y las perderán, pues su precio se desploma por primera vez desde la Gran Depresión.
Además, desaparecerán entre 1 y 2 millones de empleos, la economía solo crecerá en el 1% y ya se habla de recesión.
A nivel mundial habrá un efecto dominó, “pues si Estados Unidos deja de ser consumidor, las demás naciones lo sentirán”, manifiesta Rafael Pampillon, del Instituto de Empresa de Madrid.
Analistas afirman que la crisis financiera internacional la provocó la falta de supervisión al sistema bancario en EE.UU.
“La desregulación del sistema en los últimos quince años creó una ‘atmósfera de casino’, en la que cualquier banco podía hacer dinero sin importar sus niveles de deuda y sin saber qué tipo de papeles compraban”, señala Robert Reich, ex asesor de la Casa Blanca.
A diferencia de agencias garantizadas por el gobierno que emiten bonos con respaldo, el sector privado inundó el mercado de papeles derivados.
La desprotección se inició con el ex presidente republicano de EE.UU.
Ronald Reagan, en 1981, defensor de un “gobierno pequeño, bajos impuestos, menor regulación y creyente en la sabiduría de los mercados”, doctrina de los defensores a ultranza del libre mercado.
Fue Phil Gramm, hasta hace poco gurú económico del candidato republicano a la presidencia, John McCain, quien impulsó la revocación, en 1999, de la ley Glass-Steagall de 1933, que separaba la banca comercial de la de inversión, así como de la ley de Modernización de los Futuros de Materias Primas del 2000, que permitió circular sin regulación los mencionados instrumentos derivativos complejos, comentó Michael Greenberger, ex miembro de la Comisión de Materias Primas.
“Sentó las bases para el desastre actual y nadie sabe cuántos de estos documentos hay o quién los tiene”, agregó.
El valor teórico de estos derivados en los mercados globales pasó de 15 billones de dólares el 2005 a 60 billones el año pasado, dando una colosal inestabilidad al sistema capitalista, según el analista Rob Sewell.
En la publicación alternativa de izquierda en internet, Aporrea.org, Sewell explica que fue Allan Greenspan, el ex jefe de la Reserva Federal, quien extendió el uso de estos “instrumentos” para lograr estabilidad ficticia tras la crisis por la quiebra de las “empresas internet” o “punto.com”, (2001-2002).
Esto “envenenó el sistema capitalista con miles de millones de dólares en papeles derivados poco fiables”, que Warren Buffet, el segundo hombre más rico del mundo después de Bill Gates, describe como ‘armas de destrucción masiva financieras’, que Sewell llama “capital ficticio” y que pocos en realidad saben cómo funciona.
Nouriel Roubini
Universidad de Nueva York
“Este desastre fue creado por fanáticos de la ideología del mercado libre sin reglas o controles”.