Tres semanas de tratamiento con radiación funcionan tan bien como el curso habitual de cinco semanas o más en las mujeres en fases iniciales de cáncer de mama, informan investigadores canadienses después de hacer el seguimiento a un gran grupo de pacientes durante 12 años.
Los resultados, presentados en un congreso en Boston, proporcionan pruebas de que los tratamientos pueden acortarse sin peligro, para facilitar la vida de las pacientes y permitir que las clínicas reduzcan las listas de espera y traten a más mujeres sin comprar más máquinas.
El tratamiento típico supone de cinco a siete semanas de sesiones diarias, y la mayoría de las mujeres agradecería la oportunidad de terminar antes.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el cáncer de mama causaba 7,9 millones de muertes (aproximadamente 13% de los fallecimientos mundiales) en 2007. Aproximadamente 180.000 mujeres desarrollan cáncer de mama cada año en Estados Unidos, y la mayoría necesita radiación. Entre 30% y 40% podrían ser candidatas al tipo de tratamiento dado en el estudio. Algunos centros de Estados Unidos ofrecen programas de tratamiento más breves, pero éstos están disponibles en mayor medida en Canadá y en partes de Europa. “Realmente aquí tenemos que pensarlo seriamente” explica Anthony L. Zietman, radiólogo en la Facultad de Medicina de Harvard y en el Massachussets General Hospital Cancer Center, y presidente de la Sociedad Estadounidense de Radiología Terapéutica y Oncología. Zietman no participaba en el estudio canadiense.
Pero advierte de que los resultados sólo son aplicables a mujeres con tumores en fases iniciales, extirpados mediante lumpectomía y que no se habían extendido a los nódulos linfáticos.
A menudo las mujeres con tumores de ese tipo no necesitan quimioterapia. También hay en camino otros cambios importantes en la radioterapia.
Los médicos están experimentando con formas de tratar sólo parte del seno y no su totalidad, y para hacer más seguro el tratamiento intentan evitar la exposición del corazón y los pulmones a la radiación.
El propósito de la radiación es impedir que se reproduzca el cáncer en el mismo seno en el que se produjo la primera vez, matando todas las células tumorosas que pudieran haber eludido la cirugía y la quimioterapia.
Las células cancerosas son más vulnerables a la radiación que las normales, y el tratamiento siempre ha exigido un acto de malabarismo para dar suficiente radiación para destruir las células tumorosas pero no tanta como para causar dañar el tejido sano y los órganos.
Los cambios que se están efectuando ahora se deben en parte al éxito en el tratamiento de cánceres de mama en fases iniciales, explica Zietman. Las tasas de supervivencia han aumentado tanto —98% de las mujeres con cáncer de mama sobrevive al menos 5 años— que ahora se considera razonable dar un paso atrás, contemplar la calidad de vida de las mujeres e intentar modificar los tratamientos para hacerlos menos duros.