Asesores y aliados políticos de los senadores John McCain y Barack Obama coinciden en que quizá, a estas alturas de la campaña, ningún episodio ha demostrado mejor que la crisis financiera cómo se enfrentará cada uno a los problemas si llegara a convertirse en presidente.
Sus instintos, temperamentos y rasgos de liderazgo quedaron a la vista de todos en Washington, así como sus limitaciones y puntos débiles.
Fueron el típico senador McCain y el típico senador Obama los que se enfrentaron al plan de ayuda pública de 490.000 millones de euros: McCain era por momentos impulsivo y partidario de la acción, mientras que Obama se mostraba comedido y cerebral e inclinado a trabajar entre bastidores.
McCain, que alcanzó la mayoría de edad en la cultura de la cadena de mando del ejército, mostró una vez más que cree que los líderes individuales pueden desempeñar una función catalítica y deberían aprovechar su situación para empujar a otros.
Obama, que alcanzó su mayoría de edad siendo organizador de comunidad, demostró una vez más que cree que varias mentes son mejor que una y que, a pesar de toda su habilidad como orador, recela del exceso de exhibicionismo.
A los republicanos, sin embargo, la actuación de McCain les pareció poco definida. Su rápida petición de que cesara el presidente de la Comisión de Control del Mercado de Valores, después su decisión de suspender la campaña y volver a Washington a pesar de carecer de alternativa al plan de ayuda, podría hacerle parecer impetuoso en un momento de crisis. Para los demócratas, el episodio fue un recordatorio más de que Obama es más analista que instigador, aunque en este caso le han dado puntuaciones elevadas por su estilo.
Mientras que McCain parecía un hombre de acción durante las negociaciones, Obama desplegó claramente su lado cauteloso.
Rechaza las jugadas audaces por considerarlas demasiado impredecibles, y por eso, según sus asesores, nunca habría suspendido su campaña presidencial para participar en las negociaciones del plan de ayuda económica, como hizo McCain el 24 de septiembre.
McCain, por su parte, se crece en la batalla, lo cual explica su papel destacado en conflictos anteriores, como las difíciles negociaciones sobre los nombramientos judiciales en 2005, y el debate legislativo sobre la reforma de la financiación de las campañas electorales y sobre la inmigración.
“Al interrumpir la campaña, magnificó la importancia de este plan de ayuda para la nación, y demostró que abordaría la crisis encerrando a todos en una habitación y manteniéndolos allí hasta que encontraran una solución”, comenta Anthony V. Carbonetti, asesor político republicano de Rudolph W. Giuliani, ex alcalde de Nueva York. “Y en el caso de Obama, se veía una especie de actitud de dejar hacer, un ‘ya saben lo importante que es, chicos, encargárguense de eso”, añade Carbonetti.
Pero muchos demócratas —incluso algunos que se han mostrado críticos con Obama en el pasado— afirman que les impresionó su actuación durante las negociaciones y que McCain sustituye el liderazgo por la teatralidad.
Obama consultó con los funcionarios del gobierno de Bush y los demócratas del Congreso, recalcó sus prioridades para el plan de ayuda, y les dijo a ambas partes que estaba dispuesto a hacer lo que fuese más útil para alcanzar entre ambos partidos un acuerdo de rescate.
“El modo de enfocarlo de Obama ha sido muy Obama: comedido, frío y juicioso, lo cual espero que el país prefiera a la ira teatral”, comentaba Edward G. Rendell, gobernador demócrata por Pensilvania que apoyaba la candidatura presidencial de la senadora Hillary Rodham Clinton.
“Si das gritos y haces aspavientos, te acusarán de grandilocuencia”, dice Rendell. “Personalmente McCain me pareció extravagante cuando se despachó diciendo que pedía el cese del presidente de la Comisión de Control de Mercado de Valores”.
De hecho, algunos conservadores criticaron mordazmente la precipitada petición por parte de McCain de que se destituyera a Christopher Cox, presidente de la Comisión de Control del Mercado de Valores, alegando que era temeraria y errónea (y algo que el presidente no está autorizado a hacer). McCain recibía también el 24 de septiembre andanadas de un amigo destacado, el presentador televisivo David Letterman, al cancelar una invitación al programa de Letterman de esa noche por tener que viajar con urgencia a Washington, aunque McCain permaneció en Nueva York hasta el día siguiente para otros actos mediáticos y públicos.
Pero como estudio de su posible estilo de liderazgo, la participación de McCain en las conversaciones sobre el plan de rescate no le ha ayudado políticamente.
Después de suspender su campaña y prometer trabajar con los republicanos hasta alcanzar una solución, el 29 de septiembre hacía campaña en Ohio con su compañera de candidatura, la gobernadora de Alaska Sarah Palin, en el momento en que comenzaba la votación en la Cámara de Representantes. Allí se atribuyó implícitamente el plan de consenso que los líderes del Congreso habían negociado durante el fin de semana, a pesar de que ese plan avanzaba hacia la derrota. Incluso antes de la votación, los republicanos de la Cámara de Representantes tenían problemas para señalar las contribuciones de McCain a sus deliberaciones desde finales de la semana anterior, cuando él y ellos obligaron al Gobierno y a los líderes del Congreso a reabrir las negociaciones y alterar el paquete de medidas, para imponer algunas protecciones a los miles de millones aportados por los contribuyentes.
A Obama, que hacía campaña en Colorado, también le tomó por sorpresa el rechazo del plan de ayuda inicial. Enseguida revisó su discurso, que anunciaba el acuerdo entre ambos partidos, y pidió a cambio al Congreso que fuera responsable y lo sacara adelante. Aunque Obama había defendido tibiamente el plan y se mantenía a diario en contacto con el secretario del Tesoro, Henry M. Paulson, y con los líderes del Congreso, sus asesores dicen que no instó a los demócratas a apoyarlo.
Los votantes sitúan la economía entre sus prioridades, y el plácido enfoque público que le da Obama tal vez no concuerde con la ira que muchos de ellos sienten.
Pero los demócratas dicen que a largo plazo su método parecerá una alternativa atractiva a la del presidente Bush y la del elegido por él para sucederlo, McCain.
“Tras ocho años de actitud caballeresca de Bush hacia los problemas complejos, la población busca un enfoque más juicioso”, opina Doug Hattaway, asesor de comunicaciones demócrata y portavoz en la campaña de Clinton.