Una visita corta a Medellín me dejó un grato sabor en la boca, más allá de que es un lugar que me gusta mucho, por su colorido y rico clima, la comida en la Zona Rosa es espectacular, y no exagero.
Fui a uno de los restaurantes recién inaugurados, Cielo, donde literalmente toqué las nubes con las manos con cada plato que me sirvieron.
Es un restaurante de comida de degustación, es decir, uno paga un valor por seis, once o veinte platos y prueba de todo un poco. El chef y propietario, Juan Manuel Barrientos, afirma que este no es un sitio adonde se va únicamente a comer, sino que una sentada es una experiencia para todos los sentidos.
“Que puedan aprovechar todos los sabores y texturas, aquí se no se paga por cantidad sino por calidad, todos comen por igual, sino que en más o menos porciones”, dice este estudioso de la cocina que al verlo parece un teenager, pero que sabe perfectamente hacia dónde está enfocado.
“Lo mío no es comida fusión, es cocina de autor, a partir de combinación de productos y sabores. Investigo mucho las técnicas de la cocina moderna, tengo libros de todos los restaurantes del mundo”, dice.
Estudió en Colombia y Buenos Aires y realizó una pasantía en San Sebastián, España, y me contó que su despensa es una mezcla de complementos de diversas partes del mundo. Por ejemplo, la sal que usa en los platos es traída de Inglaterra, especias del Medio Oriente, y así... la lista es interminable, pero en la mezcla precisa nacen estos sabores únicos, que uno come despacio, disfrutando, con pena de dar el último bocado, pero con la expectativa por el que vendrá.
Cuando fui, el repertorio fue así: primero un shot de vodka y durazno para abrir las papilas gustativas, pero no era uno normal: en una pipeta venía una gota de una mezcla perfecta y en otra un polvo con sabor a naranja.
Luego, una sopa de culantro, coco y un polvillo con sabor a palomitas de maíz. Vinieron después unos pancitos de maíz con salsa picante. Hongos con tomates secos y pimientos morrones servidos con un tenedor con una rama de romero, ya que los olores también cuentan.
Luego langostinos con azafrán… y así, la lista siguió hasta terminar en el postre: un plato con tres delicias, un helado con sabor a queso y almendras, maduritos con especias y la fruta lichis, con amaretto.
Fueron sabores diferentes, nuevos para mí, y realmente especiales.
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