- OCT. 03, 2008 - Foto - Migración - EL UNIVERSO
Francisco Dillon trabajaba limpiando pisos. Hoy tiene una empresa que desarrolla líderes.
Con 36 dólares prestados y un equipaje lleno de sueños, Francisco Dillon Toral emigró hace 38 años desde Guayaquil a Estados Unidos. Estaba por cumplir los 20 de edad (1970) y hacía poco se había graduado en el colegio fiscal Huancavilca.
Quería trabajar en el país del norte durante seis meses para volver con dinero y así poder estudiar leyes en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, pues los escasos recursos económicos de su mamá le impedían concretar ese anhelo.
“Llegué a Nueva York, a casa de un amigo. Mi primer trabajo fue limpiando pisos. Pero no me importaba porque yo quería ganar dinero para venir a estudiar”, recuerda Dillon, hoy con 58 años, un Ph.D. en Psicología Clínica, una empresa en EE.UU. que asesora y desarrolla líderes y hombres de negocios y con varios reconocimientos en ese país y en el suyo.
Sus gastos personales en EE.UU. lo obligaron a quedarse más de los seis meses, pero sin olvidar su afán de estudiar. “Al año siguiente ingresé al bachillerato en psicología general”. Se decidió por esa carrera porque era la única con un programa bilingüe en la universidad de Montclair State College, en Nueva Jersey. “Yo vivía en el Bronx (Nueva York) y trabajaba de lunes a viernes. Los fines de semana tomaba un tren para ir a la universidad que estaba a tres horas. Muchas veces tenía que dormir en las bancas de la universidad en medio del frío y la nieve”, recuerda Dillon, que hoy regresa a EE.UU. tras visitar a su familia en Guayaquil.
Al tercer año de estudios cerró la factoría de Nueva York en donde laboraba y se fue a vivir a Nueva Jersey en busca de mejor suerte. “Pero estuve cuatro meses sin casa y sin trabajo. Se me acabaron los fondos por desempleo y dejé los estudios. A veces dormía en terrenos y buses con miedo a que me asaltaran. Estuve tan deprimido que tuve que atenderme en un hospital”, expresa.
En el barrio de Carchi y Maracaibo, su madre y cinco hermanos conocían su crítica situación y esperaban que regresara a Ecuador. “Pero yo no quería ser un fracasado. Sentí valor y me dije: !Tengo que triunfar”, recuerda este guayaquileño de estatura mediana y gran sencillez que se declara cristiano.
Al poco tiempo Dillon halló un trabajo desde la medianoche hasta las siete de la mañana, que consistía en doblar grandes pliegos de telas de una máquina. Consiguió donde vivir y se graduó en la universidad.
Obtuvo una maestría y un Ph.D. en la universidad Seton Hall University, en Nueva Jersey. Para entonces ya trabajaba en una clínica de salud mental con pacientes hispanos y luego fue profesor y director clínico de otros centros hospitalarios y universitarios. Era la década del ochenta y Dillon ya tenía dos hijos (Alain y Myrli, de 34 y 31 años, actualmente) con una estadounidense de quien se separó posteriormente.
“Creé programas para madres abusadas (violencia doméstica) y drogadictas; entre las que había una gran porción de inmigrantes (15% ecuatorianas). Abrí la primera escuela para madres y niños con problemas de drogadicción en Nueva Jersey y al conocer a un psicólogo ruso abrí mi consulta privada sin dejar la universidad”, indica.
Así fue como se vinculó con Primerica, una compañía que ofrece servicios financieros y que le dio la oportunidad de tener su propia empresa: Global Performance Group LLC que vincula la psicología clínica con el área de negocios y finanzas para ayudar a desarrollar líderes. Su negocio, con 800 empleados, tiene nueve agencias en Quenss, Nueva York, Nueva Jersey, Pensylvania, Long Island y Florida.
Sus logros han sido reconocidos como ciudadano sobresaliente en el estado de Nueva Jersey por sus autoridades, el Congreso Nacional y entidades de la provincia de El Oro, donde también tiene familiares.
Hoy, casado con una dominicana, Dillon comparte el éxito cosechado en Estados Unidos. Consiguió becas de estudios para 20 niños y ayuda a inmigrantes. “Nuestros compatriotas viven en Estados Unidos en un estado de salud muy malo. Muchos niños no quieren estudiar sino trabajar. Para triunfar hay que tener actitudes como el positivismo, entusiasmo, valor, paz, esperanza y confianza en sí mismo”, expresa.
TEXTUALES: Consejo
Francisco Dillon Toral
Inmigrante ecuatoriano
“Solo por llegar a EE.UU. no vas a ser millonario. El triunfo viene cuando lo buscas, cuando crees que lo mereces”.