Así parece encontrarse Rafael Correa luego del triunfo del Sí en el último referéndum para la aprobación del proyecto de Constitución de Alianza PAIS.
Como lo advertí en mi último artículo publicado en esta columna el 26 de septiembre del 2008, a pesar de la esperada victoria del Sí, o más bien de Rafael Correa que la apadrinó intensamente, es evidente que la denominada Revolución Ciudadana se está desinflando.
Porque si el 82% de los ecuatorianos dijeron Sí al cambio ofrecido por Correa, en abril del 2007, hoy solamente el 64% le volvió a decir Sí a Correa y su proyecto de Constitución.
Es decir, el 18% de los electores que querían el cambio a través de una Asamblea Constituyente que redacte una nueva constitución, dijeron nones a Correa esta vez.
No nos engañemos…ni el Sí, ni el No ni el nulo guardan relación con el contenido del Libro Gordo de Petete (que de paso era más entretenido que la Biblia de Montecristi).
Las grandes mayorías no han leído la Constitución, ni la leerán. El pueblo tiene tantos problemas con su subsistencia diaria que no tiene tiempo para leerla ni formación académica para entenderla.
Peor en ese lenguaje de doble sentido con que ha sido redactada, como para que sea interpretada en el sentido que le acomode al gobernante de turno.
Entonces, en este caso, el voto (al igual que en el caso del referéndum convocado por León Febres-Cordero hace casi 20 años) más bien fue un voto de aprobación o reprobación de la gestión del gobierno de Rafael Correa y de su apéndice de los plenos poderes.
Y ese 18% que más o menos representa el 10% de la población nacional, es decir, un millón trescientos mil ecuatorianos, aproximadamente, ya no le cree al Presidente, ni cree que su gobierno represente una esperanza de cambio.
Y yo formo parte de ese grupo de desilusionados; eso sí, yo me decepcioné mucho antes, cuando el Presidente se salió del camino del estado de derecho en febrero del 2008.
Ahora bien, los señores del “politburó” que seguramente ya deben estar repartiéndose los cuadros de las listas para los diferentes cargos de elección popular en las próximas elecciones generales, deberían reflexionar al margen de triunfalismos estériles, sobre las causas de ese notable desgaste del proyecto político.
Lo digo en el evento de que efectivamente, tengan intenciones de cambiar al Ecuador y enrumbarlo hacia el progreso económico y social.
Porque de lo contrario, si no replantean seriamente el proyecto, este se seguirá desinflando y junto con este, el destino de millones de ecuatorianos.
Si Correa no aterriza el proyecto político, al margen de los delirios de comunistas de cafetín o de los guerrilleros ecológicos, colados en sus círculos de poder, le quedan solo dos caminos:
a.- Cumplir con todas las ofertas de la última campaña y con ello quebrar al Ecuador, en cuyo caso se terminaría para siempre su carrera política; o,
b.- Racionalizar y manejar responsablemente el gasto público, con lo cual incumpliría sus promesas de campaña y con ello el pueblo, cansado de los falsos profetas, lo enterraría políticamente.
En ambos casos el panorama es sombrío. Está en manos del propio Correa salvar al Ecuador o llevarlo a la más profunda crisis de su historia.
Lamentablemente me temo que sucederá lo segundo.
Ojalá me equivoque.