- OCT. 03, 2008 - Foto - Editorial - EL UNIVERSO
Es lo mismo que decir que el fusil no tiene la culpa de matar sino el soldado; por eso mismo en todo el mundo civilizado se controlan las armas. En este caso hacen falta normas de seguridad obligatorias para los propietarios de esas razas que, sin control, se pueden transformar en un arma de fuego cargada.
Tampoco convence el argumento de que el dueño debe atenerse a las consecuencias, porque resulta que la mayoría de las víctimas no son los propietarios de los perros sino vecinos y peatones.
No somos expertos en la materia y por eso no nos pronunciamos sobre qué regulaciones convienen; pero sí proponemos que las autoridades nacionales y locales reaccionen.