Miércoles 01 de octubre del 2008 Música

Pasillo vive en Guayaquil

Jorge Martillo Monserrate

Escuela Nicasio Safadi, nuevo semillero

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Los maestros Fresia Saavedra y Carlos Rubira Infante imparten clases en la Escuela del Pasillo.

Los jóvenes se interesan por la música nacional, mientras que espacios tradicionales luchan por no morir.

Día tras día, el pasillo respira menos. En Guayaquil vive y sobrevive en pocos sitios.

Religiosamente, cada domingo un puñado de cantantes aficionados participa en el programa ‘Así canta Ecuador’, que desde hace 8 años transmite radio Universal. A las 16:00 acaba el programa, pero la jornada se traslada a Chimborazo y Bolivia, donde cantantes, guitarristas y público en general se apodera del portal de la despensa Don Ángel, conocida como ‘La esquina de Aquí canta Ecuador’. Bajo el sol, dialogan y cantan. Comparten sueños y brindis. Así ocurrió el tercer domingo de septiembre. Sentados en bancas y jabas de cerveza, Ángel Delgado, Julio Montoya y Alfredo Figueroa tocaban sus guitarras y requinto, y otros cantaban, como Nelly Garrido. En esa esquina se mantiene vivo el pasillo. Delgado manifiesta: “Este es uno de los últimos sitios, porque los otros han ido desapareciendo”.

Montoya, guitarrista de radio Cristal, expresa: “Aquí estoy dándole a nuestra música porque la llevo en la sangre”. El requintista Alfredo Figueroa evoca que antes había numerosos programas radiales, pero aún en algunas emisoras hay espacios en vivo de música nacional. “Deseo que la juventud no olvide que nuestra música es lo más lindo”, dice.

Sin embargo, la jornada no termina aún. En el club de María Zambrano, que está ubicado en Machala y Maracaibo, todos los domingos, de 18:00 a 22:00, se desarrolla el evento Nuevas Voces. Ya con la noche a cuestas, hacia allá se trasladan esos amantes del pasillo.

LA LAGARTERA
“Nosotros nunca hemos celebrado el Día del Pasillo porque todas las noches lo vivimos en carne propia”, manifiesta Jorge Coronel abrazado a su bongó, músico desde hace 33 años en La Lagartera (Lorenzo de Garaycoa de Colón a Luque), que funciona desde mediados del siglo anterior. Ahí todas las noches, cantantes, guitarristas, requintistas, bongoseros, etc., se ubican en esas aceras y portales hasta el amanecer, en espera de que clientes noctámbulos los contraten para serenatas, fiestas y diversos eventos.

Coronel recuerda que cuando comenzó una serenata valía 15 sucres, ahora un trío por tres canciones cobra $ 60. La noche del último miércoles, los carros pasaban raudos, sin contratar sus servicios. Él, un poco extrañado, comenta: “A veces uno se sorprende de que vengan muchachos y pidan pasillos”.

ESCUELA DEL PASILLO FLORECE
“Es muy triste, pero hasta los sitios de la bohemia porteña han ido desapareciendo poco a poco”, expresa la historiadora Jenny Estrada, directora del Museo de la Música Popular Julio Jaramillo, donde funciona la Escuela del Pasillo Nicasio Safadi. Y es cierto, porque El Rincón de los Artistas (Esmeraldas 2632 y Gómez Rendón), la primera y auténtica peña de la ciudad, fue derrumbada sin pena ni gloria hace dos meses.

Felizmente también existen esperanzadoras realidades. Desde junio, bajo el auspicio del Municipio, funciona la Escuela del Pasillo. Porque uno de los objetivos del Museo de la Música Popular es la formación y motivación de nuevos compositores e intérpretes. Cuenta Jenny Estrada que realizaron una convocatoria a la que acudieron 110 jóvenes de 12 a 22 años de edad; solo 25 fueron seleccionados. En la Escuela son maestros el cantautor Carlos Rubira Infante y Fresia Saavedra; Naldo Campo es profesor de guitarra y requinto; Luis Medina, acordeón; Monserrate Vela, teoría musical; Maritza Ortega da clases de técnica vocal; y Jenny Estrada, historia de la música nacional.

“El resultado de estos cuatro meses nos llena de esperanzas porque el talento de nuestros jóvenes es extraordinario. Son chicos que vienen de estratos medios, algunos de áreas marginales y otros viven en el campo; la calidad de sus voces, la dedicación por aprender a tocar los instrumentos y el deseo de apegarse al pasillo nos llena de entusiasmo, porque pensábamos que la gente joven no quería saber de nuestra música, y no es así”, manifiesta Estrada.

Esa tarde, en el auditorio, un grupo de jóvenes en clases recibía las indicaciones de Fresia Saavedra y Carlos Rubira. Julio Antonio Vargas, quien todos los días llega desde Colimes de Balzar, ensayaba Acuérdate de mí: “Yo seguiré tus pasos/ así, calladamente,/ por doquiera que vayas/ acuérdate de mí,/ por doquiera que vayas/ acuérdate de mí”, tema que interpretará cuando él y sus compañeros rindan homenaje al Día del Pasillo, en el Museo de la Música Popular. El género musical vive aún en ciertos lugares de Guayaquil y florece en esa escuela ubicada junto al río Guayas.

Los alumnos ofrecen hoy un recital a las 11:00, en el marco de la celebración del Día del Pasillo. Se ingresa con invitación.
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