miércoles 01 de octubre del 2008 Columnistas

Alfredo y Albert

Existe una profesión que engloba sentimientos, resume servicios, agrupa a millares de mujeres y hombres que deciden ser gestores de conocimientos, ideales,  principios, valores, búsquedas y certezas; una profesión en la cual la palabra motiva y el ejemplo arrastra. Esta es la profesión del magisterio, de la docencia, del arte de enseñar y formar.

Aquí militan quienes decidieron un día salir de sus claustros personales para entregar sus vidas y sus ideas a los demás. No importa si en USA o en Loja; en castellano o inglés; ayer, hoy o mañana. El maestro es un sembrador consciente que sabe que debe preparar el terreno para depositar la semilla y seleccionar aquella de calidad superior; que está obligado a escoger el tiempo oportuno, porque sabe que el fruto de su siembra estará sujeto a los naturales vaivenes de la vida.

Este escenario es válido para situar la partida al más allá de dos maestros insignes a quienes deseo honrar, al darles un espacio en esta columna de EL UNIVERSO, porque sus vidas irradiaron paz, dulzura, bondad, responsabilidad, sabiduría, constancia y fortaleza; ellos sembraron, vieron crecer la semilla y cosecharon opimos frutos.

-El Dr. Albert Eyde McKort, vicerrector Ejecutivo de la UEES, falleció hace pocos días. No tuvo tiempo para enfermarse. Murió de pie y partió sin lágrimas ni arrepentimientos, con la satisfacción de quien cumplió con su rol en la historia. Se  le recuerda como a un innovador, a un trabajador incansable, a un amable contertulio, a una persona que supo unir la disciplina con el humor y don de gentes. Su esposa Josefina llora su partida, pero se alegra de haber compartido su vida con un hombre que fue imán de  unión familiar.

- El licenciado Alfredo Íñiguez Íñiguez hizo de sus 94 años un poema de amor y servicio a la ciudad de Loja. Quienes sentimos su calor, aquilatamos su sapiencia y conocimos su nobleza bien podemos cantar “A orillas del Zamora tan bello, de verdes saucedales tranquilos…  cómo te añora mi corazón”.

Alfredo nació para ser maestro: su estampa, ademanes, verbo fácil, dignidad, capacidad innata para hacer fácil lo difícil y convertir los sueños en realidad, fueron prerrogativas de Alfredo; él escogió esta profesión como una respuesta a su vocación de servicio a la niñez y juventud.

El colegio Bernardo Valdivieso de Loja lo retuvo  por más de 30 años; sus alumnos asimilaron sus conceptos, con él conocieron el Ecuador y el Mundo y supieron ubicarlo y entenderlo en su espacio y su época. Fue para sus alumnos lo que en su hogar fue para su esposa, hijos y nietos: bondadoso, delicado, oportuno, ágil y vivaz, ingenioso, atento, dueño de sus alegrías y de sus penas, sincero, honesto, fiel a Dios y sus leyes; él siempre se consideró un ciudadano libre y emprendedor, enemigo de dictaduras, amante de la democracia.

Paz, mucha paz, para Albert y Alfredo, preclaros maestros. Sentimos su ausencia; gracias por su legado.

Columnistas

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.