GINEBRA
En tiempos en que la democracia enfrenta desafíos, el 15 de septiembre se celebró el Día Internacional de la Democracia, proclamado el año pasado por la Asamblea General de Naciones Unidas. Para la Unión Interparlamentaria (UIP) con sede en Ginebra, esta decisión reviste una significación crucial, habida cuenta que sus parlamentos miembros son los cimientos de la democracia en el mundo y su labor en este ámbito se inspira en la Declaración universal sobre la democracia, adoptada en septiembre de 1997.
En el Parlamento, organismo creado para que el pueblo exprese su voluntad a través de sus funciones legislativas, se adoptan las leyes y el gobierno le rinde cuentas (por lo menos es la aspiración de todos). Se percibe la inquietud de la UIP ante la situación de aquellos países donde la democracia no está sustentada en valores comunes tales como transparencia, representatividad, eficiencia, accesibilidad y obligación de responder en el plan nacional e internacional. Mayor es la adhesión de un país a esos valores, mejor es su situación democrática.
Por otro lado, como ideal, la noción de democracia es bastante ambigua dado que numerosas naciones pretenden encarnarla, desafortunadamente con demasiada frecuencia la utilizan para disfrazar prácticas autoritarias. Rousseau la califica como “un gobierno tan perfecto que no conviene a los hombres” pero, aun con sus numerosas divergencias, hoy se impone como modelo de referencia de organización política.
En América Latina, con sus economías informales, ciclos de inflación y recesión e interrupciones graduales del proceso democrático, persisten las dificultades y desilusiones, tanto en democracias pasadas como en las nuevas pero el gran dilema radica en que el buen funcionamiento de la democracia depende de una población alfabetizada, educada y con acceso a la información, fundamento de un ciudadano a parte entera que deposita su voto con pleno conocimiento de lo que hace y con responsabilidad para criticar a los responsables gubernamentales cuando estos toman medidas tiránicas o erróneas pero la situación es bastante compleja pues con la facilidad con la que se manipula el voto de un pueblo iletrado, este se convierte en el voto envilecido, vehículo para llegar a ninguna parte. No existe la solución inmediata pues numerosos son los países en desarrollo que no reposan sobre un buen sistema nacional de educación.
En lo que a la prensa concierne, en una democracia transparente, ella es independiente de toda intervención gubernamental, tal como la censura sobre las publicaciones de los periodistas, en el caso contrario deja de ser una democracia para convertirse en dictadura. La democracia, al contrario, vela por la existencia de una prensa libre que informe al público y que pida cuentas a los políticos responsables. Ella reposa sobre la independencia del sistema judicial, el respeto al Estado de derecho y a la libertad de expresión. Esta libertad no podría subsistir sin la protección legal indispensable. De hecho, el derecho a cuestionar a los que ostentan el poder, es uno de los pilares de cualquier democracia saludable en el mundo.
En una campaña electoral o de referéndum estamos acostumbrados a observar a actores sociales que desempeñan excelentes roles en la comedia, ilusionando a pueblos y, por último, terminan ellos mismos por creer lo que dicen. Son muchas veces, arribistas, cínicos, megalómanos o ingenuos. En breve, narcisos modernos.