martes 30 de septiembre del 2008 Columnistas

La marcha de la sal

Para nuestro gran poeta Jorge Carrera Andrade, “el mar dice al oído de la tierra/ con palabra de seda o palabra de trueno/ …/ el secreto salobre/ que conmueve su entraña/ y hace latir su inmenso corazón navegable”. ¿Quién pudiera dudar que el secreto que detenta el mar es salobre, es del sabor de la sal marina? Así también lo habrá sentido, al otro lado del mundo, un hombre de alma grande, el Mahatma Gandhi. Evocándolo, recordemos el rol crucial que jugó la sal en la lucha por la independencia de la India, que permanecía bajo dominación inglesa desde el siglo XVIII, con la Reina Victoria de Inglaterra como Emperatriz de la India desde 1877 hasta su muerte en 1901. Como tantas otras líneas de comercio, la de la sal era por entonces monopolio inglés, pero en 1930 un impuesto subió tanto su precio, que constituyó un severo castigo para la empobrecida población india. Fue entonces cuando aquel hombre de leyes graduado en Londres, el Mahatma Gandhi, imaginó una poderosa estrategia libertaria: una campaña de desobediencia civil, llamando a los indios a negarse a pagar el impuesto a la sal británica. Fue el primer acto de oposición que dirigió, marchando con miles de seguidores, durante 26 días y a lo largo de 400 kilómetros, de Ahmedabad al Mar Arábigo, a fin de hacer sal mediante evaporación del agua del mar. En esta movilización, conocida como La marcha de la sal, más de sesenta mil indios fueron arrestados, pero la estrategia de protesta no violenta había arrancado y con ella masivos actos de desobediencia contra las leyes del Imperio Británico, lo que finalmente desembocó en la independencia de la India.

Ahora, a casi un siglo de distancia, Colombia, como miembro de la Comunidad Andina de Naciones, demanda al Ecuador por haber prohibido la importación de su sal. Según la resolución 897 del organismo andino, puede prohibirse la importación de artículos que afectan la salud, como cigarrillos o alcohol. ¿Es que para los demandantes, su sal (no yodada) no afectaría la salud? ¡Tamaña barbaridad! Hay que recalcar que el consumo de esta es cien veces peor que la de tabaco o alcohol, cuyo consumo es voluntario, ocasional o intermitente, mientras ingieren sal a diario gentes de toda edad y condición, incluyendo niños y embarazadas.
Para estos, las consecuencias de consumir sal no yodada, a mediano y largo plazo, son devastadoras.

¿Tan alto es el rendimiento económico de esa sal, que hasta ocasiona aquella demanda? ¿O es que nos obligarán a los ecuatorianos a realizar nuestra propia “marcha de la sal” para boicotear su consumo, si la Comunidad Andina da razón al demandante?
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