lunes 29 de septiembre del 2008 Columnistas

Y sin embargo el mundo se mueve en crisis

Tenemos ya una Constitución que establece las reglas del juego para los próximos años. Y sin embargo, el mundo se mueve y lo hace especialmente rápido. Han sido semanas críticas: caída en la bolsa de Nueva York y contagio a todas; quiebra de grandes bancos de inversión como Lehman Brothers y Washington Mutual, estatización de los bancos hipotecarios como Fannie Mae y Freddie Mac y de la mayor empresa reaseguradora del mundo, AIG. Otros bancos de inversión fueron absorbidos por macrobancos norteamericanos, por grandes financistas y fondos soberanos como el de la República Popular China o bancos japoneses buscan hacerse de otras instituciones financieras. Al mismo tiempo la economía real, ya degradada por la crisis inmobiliaria y el sobreendeudamiento de la población –cada norteamericano debe en sus tarjetas de crédito en promedio 8.000 dólares se decía en CNN estos días–, cae cada vez más en recesión. Señales de eso es el aumento del desempleo y la caída en la demanda por bienes duraderos, automóviles y casas.

¿Qué aprender de esta crisis? Que el mundo financiero y de las bolsas de valores actuaron sin control, cobijadas en buena parte por ausencia de regulación efectiva, por parte de las autoridades financieras y monetarias de Estados Unidos y del Reino Unido. El día miércoles de esta semana el Ministro de Economía alemán contaba que su sugerencia de establecer un mayor y más fuerte sistema de regulación multilateral sobre los capitales financieros, recibió la oposición de sus pares de Estados Unidos y el Reino Unido, hace muy pocos meses. En estos días el ministro norteamericano del Tesoro Paulson, y el mismísimo presidente Bush empujan un plan de salvataje por 700 millardos de dólares, que permitiría a los bancos deshacerse de sus créditos inmobiliarios incobrables. Los principios del libre mercado fueron puestos en la congeladora, a pesar de la oposición de una mayoría de los norteamericanos a tal medida, que con seguridad repercutirá en sus bolsillos. A la larga, entonces, la ausencia de un efectivo sistema de regulación multilateral terminará costando a cada país abultadas cifras.

La segunda lección tiene que ver con los cambios en los flujos financieros y de inversión en el mundo. Por mucho tiempo, Estados Unidos se benefició de la entrada masiva de capitales originados en los países exportadores de petróleo y de las grandes economías emergentes, como Brasil, Rusia, India y China. Ello le permitió vivir una burbuja especulativa que escondió en buena medida la pérdida de competencia de su economía real. De hecho en estos días la revista The Economist enseñaba cómo, contrariamente a lo que ocurría en el pasado, ahora se asiste a una suerte de desnacionalización de muchas empresas símbolo del poder del norte a manos de empresas del sur. La economía unipolar con su gran centro en Estados Unidos se debilita como consecuencia de factores como su guerra en Iraq, su abultado déficit petrolero y comercial en ausencia de una estrategia energética y la pérdida de eficacia del sistema multilateral por el unilateralismo extremo del gobierno Bush.

Este es el escenario que nos tocará vivir los próximos años. Ya los efectos comenzamos a sufrirlos: caída de las remesas, disminución del precio del petróleo, caída en la demanda para varias de nuestras exportaciones, aumento del riesgo país. Es irrealista decir que la crisis no debe importarnos o porque no tenemos TLC nos afectará menos.

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