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Las encuestas anunciaban ayer que una amplia mayoría de ciudadanos aprobó el proyecto de nueva Constitución. Habrá que esperar el resultado definitivo, ya que la ley así lo exige, pero se puede adelantar que la tesis oficial triunfó, que el Gobierno dispondrá de recursos políticos absolutamente inéditos y que a partir de ahora la tarea central del Presidente de la República deberá ser la de conducir a todo el país hacia el cambio democrático tan anhelado. Ese fue el espíritu del voto por el Sí.
Hay un matiz a considerar, sin embargo, y es que también se corroboró que existe una minoría importante (sobre todo en Guayaquil, la ciudad más poblada, además de dos provincias del Oriente) y que se han hecho serios reparos, todavía pendientes, a la legalidad del nuevo texto constitucional.
Respetar esa minoría –a diferencia de lo que se hacía en el pasado– y despejar esos cuestionamientos serán las dos condiciones esenciales para que el cambio democrático se haga realidad. |