Lunes 29 de septiembre del 2008 El Gran Guayaquil

Nueva etapa de vida

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Orfa Galán (i), de 69 años, asiste los miércoles y viernes a su clase de guitarra. Ahí comparte con los compañeros sus anécdotas y vivencias.

¿Quién dijo que sus días ya no tenían brillo ni nuevas emociones? Hoy, que es el Día Internacional del Envejeciente, tres historias de tres personas que pasaron la barrera de los 65 años muestran a ciudadanos felices, enfrascados en vivir con intensidad cada nuevo día.

‘Al  tocar la guitarra recuerdo a mi padre’
Desde hace cuatro años, Orfa Galán Montesdeoca, de 69, convirtió en realidad el sueño que tanto había anhelado: aprender a tocar guitarra.
 
Sabe que no es fácil, pero dice que ahora sí tiene “todo el tiempo del mundo” para estudiar las partituras necesarias y convertirse en una excelente artista como lo deseó algún día su padre, quien falleció cuando ella tenía ocho años.

A pesar de no tenerlo cerca, Orfa agrega que al tocar este instrumento musical siente su presencia  y con ello vuelven los recuerdos más felices que vivió en su infancia.

“Nunca pensé que a mi edad me iba a sentir tan bien; si hubiese sabido esto habría iniciado hace mucho tiempo mis clases”, manifiesta Orfa.

Sabe que la música la lleva en la sangre, pues además de su padre también su madre tenía “dones artísticos con el violín”. Recuerda que lo poco que sabe de su progenitora es por los comentarios familiares que le ha tocado escuchar, ya que su madre murió cuando ella tenía seis años. 

Orfa asegura que la guitarra es su “fiel compañera” y a pesar de no haberse casado no se siente mal, pues dice que con la música ha logrado conseguir más que un acompañante de vida: “He vuelto a vivir”. 

Sabe que la soledad en ocasiones se apodera de ella, pero para combatirla está su guitarra, dice entre risas Orfa, quien agrega que son los boleros lo que más le gusta tocar y escuchar, sin dejar de lado los famosos pasillos.

Admite que no es una excelente artista y que aún le falta por aprender algunos “detallitos” que con el tiempo se convertirán en anécdotas, como la ocasión en que logró tocar la guitarra sin ver las cuerdas de la parte superior.

“No es fácil y para mí fue un verdadero reto aprender a mirar solo mis partituras sin sentir la necesidad de ver las cuerdas”, asegura.

Uno de los momentos más emotivos que le ha tocado vivir fue la ocasión en que una de sus hermanas junto a su sobrina la vieron tocar guitarra. “Mi hermana lloró tanto que yo no pude contener las lágrimas porque sabía que en ese momento ella también recordó a mi difunto padre”.

A Orfa le encanta cuando la gente le dice que no aparenta la edad que tiene, pues con esas palabras la hacen sentir joven y le dan fuerza para continuar con sus otras actividades que son el canto y baile.

Ambos cursos, junto con el de la guitarra, los recibe en el Departamento de la Tercera Edad del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, ubicado en Luque y av. del Ejército, lugar en el que además de recibir clases también le han dado la oportunidad de tener amigos.

Ellos conversan sobre las cosas positivas que les ha traído la tercera edad y de esas pequeñas y grandes actividades que han  desarrollado juntos.

Sin embargo, no dejan de lado los temas discriminatorios que les ha tocado afrontar, pero afirman que eso no ha sido un obstáculo para continuar con sus vidas. 

Orfa cree que la familia es lo más importante y se ha convertido en su inspiración para seguir tomando nuevos retos. “Con el apoyo de ellos sé que puedo lograr muchas cosas”, sostiene.

Recuerda que hace más de diez años escuchó un diálogo entre dos jóvenes que decían que llegar a la tercera edad era el final de la vida, pero ella rechaza eso y afirma que convertirse en un adulto mayor es lo mejor que le ha sucedido.

Orfa Galán
Persona de la tercera edad
“Ser un adulto mayor me ha dado la oportunidad de experimentar nuevas cosas y de darle a mi vida inesperados  retos”.

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