Lunes 29 de septiembre del 2008 El Gran Guayaquil

Un paseo por las casas con historia y las construcciones pintorescas de la ciudad

POR JORGE MARTILLO MONSERRATE

Desde 1910, Guayaquil ha cambiado muchas veces su rostro, es una ciudad en vías de construcción que cuenta con viviendas y edificaciones que han sido representativas en su vida histórica.

Guayaquil es una ciudad de contrastes. Casi han desaparecido sus antiguas casas de madera. El progreso implantó nuevas formas y  materiales de construcción. Aunque para preservar ese segmento de nuestra memoria, algunas han sido reconstruidas en el sector Guayaquil 1900 del Parque Histórico.

Como antecedente es necesario señalar que la Real Cédula de 1636 ordenaba construir casas de piedra en Guayaquil y el resto de la Costa. Pero los españoles  prefirieron emplear madera, por la abundancia de esta, el clima y la  mano de obra.

Al ser edificada en madera, la ciudad fue destruida por diversos incendios y reconstruida en otras tantas oportunidades. Por ejemplo, el Incendio Grande que duró dos días (5 y 6 de octubre de 1896) destruyó lo más representativo de nuestro casco comercial y arquitectónico.

A partir de 1910 –época dorada del cacao– se construyeron fastuosas residencias de cemento europeo. 

La mejor manera de conocer una ciudad es caminar por sus calles. No ir a paso rápido, sino disfrutando de los detalles. Lamentablemente, ya no está en pie la bellísima Quinta Piedad  (construida en 1900 en las calles General Córdova y Tomás Martínez), que se desplomó en marzo del 2001. Solo permanece viva su altísima palmera real.

La auténtica Casa Rosada (Boyacá entre Luis Urdaneta y Junín) era la vivienda antigua más larga de Guayaquil. Perteneció a Zoila Aspiazu Peralta, que siempre la pintó de rosado mediterráneo. Hoy, en su lugar, hay una réplica. La original algún día será reconstruida en el Parque Histórico.

Digna de apreciar es la llamada Casa de Vicente Rocafuerte (Tomás Martínez 307 y Rocafuerte). Perteneció a Baltazara Calderón Garaycoa. Rocafuerte nunca vivió ahí y aunque está apuntalada con caña rolliza se está viniendo abajo.

Un edificio de notable arquitectura es diario El Telégrafo (Boyacá y Diez de Agosto), obra de la Sociedad General de Construcciones. Su decoración la realizó el italiano Hugo Faggioni.  Fue inaugurado en 1924 y dos años después, en su torre se instaló un reloj público.

En el edificio donde funciona actualmente la Fundación EL UNIVERSO (Nueve de Octubre y Escobedo) fue el Templo Masónico,  edificado por la compañía White Constructions por encargo de la Gran Logia del Ecuador e inaugurado el 1 de septiembre de 1924. Después –el 31 de octubre de 1931– fue adquirido por Ismael Pérez Pazmiño y durante años funcionó ahí el diario. Al lado se ubica el hermoso edificio de la Jefatura del Cuerpo de Bomberos (9  de Octubre entre Escobedo y Boyacá), inaugurado en 1934.

En las cercanías se observa la casa de María Teresa Aspiazu (Nueve de Octubre y Boyacá), en cuyos bajos funciona Distribuidora Juan Eljuri, y su vereda es sitio de reunión de la legendaria gallada Boca Nueve. Más adelante, hacia el oeste, se aprecia el palacete estilo art nouveau en el que residía Rogelio Benítez Ycaza y que hoy  alberga a la II Zona Militar (Nueve de Octubre y Lorenzo de Garaycoa).

Entre las edificaciones pintorescas de Guayaquil está el castillo Ala-Vedra (Colón y Noguchi), uno de los más populares de la ciudad. Lo construyó el doctor José María Ala-Vedra y Tama Figueroa de Colomina Moreyra de Vergara Ponce de León Santa Coloma y Delgado. Es un palacio estilo medieval hispano-romano que luce cuatro blasones nobiliarios y fue inaugurado el 16 de junio de 1962. Esa misma noche, su propietario fue condecorado como Caballero Gran Oficial de la Orden Ecuestre y Pontificia del Santo Sepulcro de Jerusalén.

No es la única edificación noble. Más al sur (Eloy Alfaro y Venezuela) se levanta el castillo de José Martínez de Espronceda, español que fue propietario de la fábrica de cola Fox.

Otra edificación muy llamativa es la Casa Barco (Esmeraldas 2621 entre Gómez Rendón y Brasil), llamada así porque su terraza está decorada como una embarcación. Con proa, timón y escotillas. Los que transitan por allí se asombran con las anclas, botes y demás objetos marinos.
Manuel Peña Ortega, propietario de la vivienda, fue timonel de barcos y al jubilarse en 1962 quiso decorarla así para seguir navegando en el imaginario mar de asfalto de Guayaquil. Pero desde que Peña falleció, la casa naufraga en el óxido.

No hay duda. Arquitectónicamente, Guayaquil es una ciudad de bellos y pintorescos contrastes.

El Gran Guayaquil

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.