- SEP. 29, 2008 - Foto - Vida - EL UNIVERSO
En China tenemos el verdadero ejemplo de una catástrofe alimentaria: la compañía Sanlú es culpable de la muerte de cuatro niños (hasta el cierre de este escrito) y de la enfermedad de otros 6.000, al añadir una sustancia nociva en sus productos lácteos. Lastimosamente, no resulta impresionante que esto siga sucediendo.
Pensémoslo de la siguiente forma: Sanlú descubre que añadiéndole melamina a sus leches, estas se vuelven más ricas en proteínas. ¿De qué les sirve este hallazgo? Si lo pensamos bajo el halo de la inocencia podríamos pensar que Sanlú quería favorecer la nutrición de los niños.
Pero si lo pensamos bajo el halo comercial podemos creer que Sanlú supo que si vendían “leche rica en proteínas”, muchas madres preocupadas por la alimentación de sus hijos iban a comprar más el producto.
Y así fue. Sanlú se comercializó fuertemente debido a su “riqueza en proteínas”. Lo que ellos no esperaban era el salto de esta sustancia ajena a la leche y la repercusión que podría tener en la salud. Pero, por un momento, vamos más allá y evaluemos el fondo del asunto: ¿cuántas compañías fortifican sus alimentos por vender? ¿cuántas añaden sustancias ajenas al alimento que lo hacen parecer más nutricional? Y, la pregunta más importante: de todos estos alimentos, ¿cuántos consume usted?