Si esta enfermedad se trata de manera temprana con terapia biológica, es posible hablar de curación.
El logro más importante de la última década para tratar las enfermedades reumáticas es el desarrollo de una nueva generación de medicamentos conocidos como “los biológicos”.
Con un mejor conocimiento del sistema de defensa de nuestro organismo, del proceso inflamatorio y la aplicación de ingeniería genética, se dispone de drogas que no solo pueden controlar de manera óptima la artritis, detener el avance de la enfermedad o acrecentar la calidad de vida, sino que es posible hablar de “curación” siempre y cuando la patología sea detectada y tratada tempranamente.
Según el reumatólogo Mario Moreno Álvarez, antes se dejaba que la enfermedad avanzara por meses o años y que produjera deformaciones para recién tratar de controlarla con metotrexato, la droga clásicamente usada en artritis reumatoide, pero se ha demostrado que si el tratamiento es eficaz y oportuno, las posibilidades de alcanzar remisión (control) o curación aumentan. De ahí la importancia de un diagnóstico certero y a tiempo como en el cáncer. (Ver recuadro).
Biológicos aprobados
Los primeros biológicos para tratar la artritis reumatoide fueron aprobados a fines de la década pasada y se conocen como Infliximab y Etanercept. Estos inhiben una proteína llamada Factor de Necrosis Tumoral alfa (FNTa), producida por macrófagos y linfocitos (células del sistema inmune), y son clave en el desarrollo y mantenimiento del proceso inflamatorio. A través de varios mecanismos el FNTa sería el principal responsable de la inflamación articular, el daño del cartílago articular y la destrucción ósea en la artritis reumatoide.
Esas drogas más la Adalimumab, disponibles en nuestro país, permiten un mejor control de la artritis (menos dolor e inflamación). Incluso han demostrado “detener” el avance de la enfermedad, evitando el daño radiológico y por lo tanto la deformación y destrucción articular.
Otra ventaja de los biológicos es que permiten disminuir o suspender las dosis de corticoides (antiinflamatorios) usados con frecuencia en la artritis, evitando así problemas adversos como osteoporosis (pérdida de calcio en los huesos), diabetes (azúcar en la sangre), presión arterial alta, obesidad, cataratas (opacidad en los ojos), entre otros.
Otros agentes
Como no todos los pacientes con artritis reumatoide responden adecuadamente a estos inhibidores del FNTa, ellos también fueron punto de partida para el desarrollo de otros agentes biológicos con distintos mecanismos de acción. Por ejemplo, el rituximab (inhibidor de linfocitos B) se usa con éxito en pacientes con lupus y artritis reumatoide. Y el Abatacept (inhibidor de linfocitos T) o el Tocilizumab (antiinterleuquina 6, otra proteína clave en el proceso inflamatorio), cada vez están siendo usados con mayor frecuencia en todo el mundo.
Tal es el éxito terapéutico de estos agentes biológicos que actualmente es incontable el número de ellos que se encuentran en fases experimentales para muchas otras enfermedades autoinmunes. Se podría decir que se está viviendo la “era de los biológicos”