Los líderes en el Congreso y la Casa Blanca llegaron a un acuerdo este domingo para un plan multimillonario de rescate del sector financiero después que los legisladores insistieron en compartir el control de gastos con el gobierno.
El mayor rescate económico en la historia de Estados Unidos obtuvo el apoyo tentativo de los dos candidatos presidenciales y pasará a la Cámara de Representantes, donde el lunes será sometido a votación.
El plan, que durante días se vio sumido en una confusión en un año electoral, le daría al gobierno amplios poderes para utilizar el dinero de los contribuyentes con el fin de adquirir miles de millones de dólares en activos vinculados con hipotecas de vivienda actualmente en poder de firmas financieras carentes de dinero en efectivo.
El Congreso hizo uso de su fuerza política e insistió en que hubiera una mayor supervisión en el control del dinero de lo que la Casa Blanca deseaba. Los legisladores tuvieron que capear a los molestos electores, los cuales tienen poca consideración por los ejecutivos de Wall Street, y a funcionarios gubernamentales que advirtieron que la inacción en torno al problema derivaría en una recesión.
El rescate, la mayor intervención gubernamental de los mercados financieros desde la Gran Depresión, arroja la larga sombra de Washington sobre Wall Street. El gobierno asumiría grandes cantidades de activos devaluados de compañías financieras sumidas en graves problemas, con la esperanza de reanimar el crédito.
"No sé de nadie aquí que desee que el centro del universo económico sea Washington", dijo un alto negociador, el senador Chris Dodd, presidente del Comité Bancario, de Vivienda y Asuntos Urbanos del Senado. Sin embargo, añadió, "el centro de gravedad está aquí temporalmente... no quiera Dios que esté aquí más tiempo de lo necesario para activar el crédito".