Vendedores integran sistema reconocido como un ejemplo de responsabilidad social empresarial.
Ya estaba resignado. Segundo Castillo no podía conciliar el sueño pensando en que su destino era quedarse ciego. Era una preocupación que lo angustiaba, especialmente al imaginar que podía quedar imposibilitado para trabajar y al recordar que casi toda su familia dependía de su empleo.
Las cataratas habían nublando severamente la visión en el ojo izquierdo de este canillita de 56 años. Pero él no lo sabía. “Creía que era un asunto relacionado a la edad, además, en esa época (inicios del 2007) no tenía dinero para atenderme”.
Cuando había perdido las esperanzas, el recién conformado Club de Vendedores de EL UNIVERSO organizó una jornada de atención médica gratuita para sus miembros. Castillo era uno de ellos. Una consulta con un oftalmólogo le permitió conocer su dolencia y –poco después– recuperar su salud tras una operación.
Durante los últimos veinte meses más de 1.300 vendedores del Mayor Diario Nacional han sido integrados a los programas que desarrolla el Club en beneficio de quienes reparten el periódico a los lectores.
La acción del Club de Vendedores se basa en cuatro pilares: Educación (cursos de capacitación), Salud (atención médica y medicinas), Recreación (eventos de integración) y Atención familiar (talleres conyugales y escuela para padres), explica Carolina Tenicela, coordinadora de la agrupación.
Entre esos se destaca la preparación en Informática básica, Manejo de clientes difíciles y Elaboración de presupuestos.
Flor Anilema es una de las vendedoras que ha participado en la mayoría de talleres. “He aprendido muchas cosas que por mis propios recursos no hubiese podido conocer”, comenta con satisfacción esta madre de familia, de 36 años, quien es la única fuente de sustento para sus dos hijos.
Con ella coincide Juan Mogollón, vendedor desde hace una década, quien trabaja en la esquina de Pedro Moncayo y Portete, en el centro. “Ahora sé hacer cartas y presupuestos en la computadora, es algo que me ha motivado mucho”.
Anilema y Mogollón no solo han integrado la lista de vendedores capacitados en temas relacionados a su actividad, sino que también están vinculados a las continuas reuniones de integración y recreación, que incluyen paseos por la ciudad y el río, asistencia a funciones de cine, entre otros.
NOVEDOSO PROGRAMA
Los talleres se dictan en las modernas instalaciones de la Fundación Acción Solidaria, en el norte de la ciudad, que mantiene acuerdos con el Club.
El trabajo del Club de Vendedores es presentado como uno de los cinco modelos de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) más novedosos de América Latina incluidos en el libro La otra cara de la libertad, presentado este mes en Monterrey, México, en el marco de un seminario organizado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) para analizar esta temática.
El texto es producto de una investigación desarrollada tras una alianza entre la Fundación Avina, la FNPI y la Universidad Javeriana, con el propósito de brindar herramientas a las empresas de medios de comunicación para una gestión comprometida con la sostenibilidad.
El caso de los canillitas, vinculado al grupo editorial EL UNIVERSO se muestra junto al de Rede Globo, El Tiempo, MTV Networks Latinoamérica y Grupo Abril.
La RSE de EL UNIVERSO no solo está marcada por el trabajo con los canillitas. A este programa se suman otros como los que desarrolla la Fundación EL UNIVERSO, cuyos resultados son mencionados en La otra cara de la libertad.
Entre esos se destaca la capacitación pedagógica y actualización profesional a más de 16.000 maestros y 4.000 periodistas, respectivamente.
Otros ejemplos de RES, refiere Nila Velázquez, directora de Fundación EL UNIVERSO, son la circulación de 500 mil ejemplares anuales de folletos histórico-educativos y la participación de más de 27.000 niños en el Campeonato Interbarrial de Fútbol, organizado por El Mayor Diario Nacional.
Velázquez, quien fue invitada por la FNPI para comentar el libro La otra cara de la libertad, destaca que Responsabilidad Social Empresarial no es un sinónimo de filantropía sino que implica el cumplimiento de una serie de normas relacionadas estrechamente con la misión y visión de las empresas.
Flor Anilema
VENDEDORA
“La capacitación nos impulsa a pensar en un mejor estilo de vida no solo para nosotros sino para nuestras familias”.
Juan Mogollón
VENDEDOR
“He aprendido a tratar a mejor a los clientes. Ahora me importa mucho la gente, antes no”.
Dolores Amaguaya
VENDEDORA
“Con este trabajo hemos podido educar a nuestros hijos. Ahora la educación también es para nosotros”.