Domingo 28 de septiembre del 2008 Judicial

Por fin, en política llaman a las mentiras por su nombre

Alguna vez considerada políticamente vetada, la palabra “mentira”, pronunciada de forma contundente y sin disculpas, ha tenido un sonoro estreno en la campaña presidencial estadounidense. Rara vez pasa un día sin que los asistentes de Barack Obama acusen a cualquiera de la fórmula republicana, John McCain, Sarah Palin, o ambos, de decir mentiras. Y en un ligero acto de guerra psicológica, el bando demócrata también afirma que las mentiras manchan el honor de McCain, virtud que éste, como héroe de guerra, atesora de manera particular.

El 18 de septiembre, por ejemplo, un vocero de Obama denunció, como “otra mentira flagrante proveniente de una campaña deshonrosa”, un anuncio televisivo de McCain que cita el reporte de un periódico de que Franklin D. Raines, ex líder de la ahora desacreditada compañía hipotecaria Fannie Mae, asesoraba a Obama sobre temas de vivienda.

El bando de McCain ha acusado mucho menos a Obama de mentir, al decir en su lugar que ha sido “engañoso” al erguirse como paladín de los derechos de la Segunda Enmienda (de tener y portar armas), así como “no ser honesto” sobre sus propuestas fiscales.

Durante mucho tiempo, los políticos han preferido sustituir palabras como “desinformación” y “manipulación”, y frases como “una visión táctica de la verdad” por la palabra “mentira”. Sin embargo, la televisión por cable ahora analiza las así llamadas mentiras políticas, lo que ayuda a convertir a la palabra en parte del lenguaje del ciclo noticioso. Y el partidismo puede ser tan intenso que mentir se ha convertido en otra acusación más.

En un principio, algunos asesores de Obama se mostraron indecisos acerca de denunciar una presunta mentira, particularmente contra Hillary Rodham Clinton, pero lo hicieron sin titubeos con Mc- Cain. El propio Obama aún actúa un poco titubeante en sus acusaciones: hace poco en Nevada, lo único que estuvo dispuesto a decir es que varios anuncios de McCain eran “patentemente erróneos”.

La palabra incriminatoria tiene mucho tiempo de ser una crisis a punto de ocurrir, debido a su potencial de dañar al candidato presidencial que lanza la acusación. En 1988, el senador Bob Dole, aspirante a la nominación republicana, apareció en una entrevista de la cadena televisiva NBC con su rival, el vicepresidente George Bush, y le dijo bruscamente: “Deje de mentir sobre mi historial”.

Eso cimentó la imagen de Dole como alguien mezquino, cosa con la que tuvo que luchar como nominado presidencial en 1996 cuando, por ejemplo, irritó a algunos televidentes cuando acusó a Katie Couric, conductora noticiosa, de tomar partido con los demócratas.

Ni Couric ni Tom Brokaw, entrevistador de la NBC en 1988, intentaron ser árbitro en esos momentos, dejando que los televidentes llegaran a sus conclusiones sobre Dole.

Como nominado presidencial demócrata, en el 2004, el Senador John Kerry en ocasiones empleaba 50 palabras para expresar un argumento, cuando 25 habrían sido suficientes. Sin embargo, había una palabra que tenía mucho cuidado de no pronunciar.

Durante el primer debate presidencial, cuando el moderador Jim Lehrer señaló que Kerry había acusado en repetidas ocasiones al presidente George W. Bush “básicamente de mentir” sobre su estrategia de guerra en Irak, Kerry instantáneamente lo corrigió.

“Nunca, jamás he usado la palabra más áspera que tu acabas de utilizar, e intento no hacerlo”, dijo, antes de argumentar que Bush “no había sido honesto” y que había “engañado” a los electores, y de afirmar que “es importante decirle la verdad al pueblo estadounidense”.

Kerry tenía la esperanza de que los medios noticiosos juzgaran a una mentira como tal cuando fue atacado por el grupo Swift Boat Veterans For Truth sobre su historial militar, en Vietnam, pero los medios no hicieron gran cosa.

Bob Shrum, estratega principal de Kerry, dijo: “Queríamos forzar a que el voto en la elección general girara en torno a los temas políticos, particularmente los nacionales, y llamar mentiroso a Bush nos habría llevado en una dirección diferente”.

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