La Alianza Apolo, coalición que trabaja para promover los empleos verdes y la energía limpia, ha batallado para encontrar la manera de contrarrestar la contaminación de calentamiento global que resulta de sus operaciones cotidianas, particularmente de sus viajes.
“Nuestra huella de carbono es ridícula”, dijo Kate Gordon, su co directora, en referencia a la cantidad de gases de invernadero emitidos cada año por la organización.
Los viajes aéreos son los peores infractores, comentó. La búsqueda de energía renovable lleva a sus empleados de un lado a otro para asistir a conferencias y hacer cabildeo. “Nuestro presidente, Jerome Ringo, probablemente está de viaje 250 días al año”, dijo Gordon. “Yo viajo alrededor de 25% del tiempo. Como organización viajamos muchísimo”.
Para ayudar a reducir su papel en la liberación de emisiones de carbono, la Alianza Apolo ha intentado desarrollar un enfoque de dos frentes. El obvio: reducir los viajes aéreos.
Las millas aéreas son responsables de entre 3% y 13% de las emisiones de gases de invernadero en todo el mundo, de acuerdo con diversos reportes. Un sólo vuelo ida y vuelta de costa a costa puede crear alrededor de la misma cantidad de emisiones de dióxido de carbono que manejar un carro mediano durante seis meses.
Otra opción más polémica que la Alianza Apolo tuvo bajo consideración son las compensaciones de carbono.
En teoría, por lo menos, las compensaciones pagan por reducciones en la producción de dióxido de carbono.
Sin embargo, las compensaciones han recibido críticas.
Algunos las comparan con las indulgencias papales medievales, permitiendo a individuos y compañías continuar con sus costumbres contaminadoras si pagan una cuota.
Conforme crece la popularidad de las compensaciones de carbono (sus ventas en Estados Unidos se incrementaron de 39 millones de dólares, en 2006, a 88 millones de dólares, en 2007, de acuerdo con la firma de investigación New Carbon Finance) muchos viajeros tienen dudas acerca de esta práctica.
“Hoy en día hablo con mucha gente acerca de compensaciones de carbono”, dijo Rusty Pritchard, ex economista ambiental en la Universidad de Emory, en Atlanta y director de programas de apoyo para la Red Ambiental Evangélica de Estados Unidos.
“Tienen preguntas que varían desde ‘¿cómo es que pagar por eficiencia energética en Brasil compensa el carbono emitido en un vuelo a NY? hasta gente en universidades que pregunta: ‘¿cómo le explicamos esto a nuestros donadores?’”.
Los especialistas en calentamiento global dicen que la mejor manera de que los viajeros de negocios reduzcan sus emisiones de carbono es limitar el tiempo que pasan de viaje.
Una vez que el viajero ha reducido su tiempo de vuelo, “las compensaciones de carbono valen la pena, si se hacen correctamente”, dijo Mark C. Trexler, consultor de estrategias de reducciones de carbono.
El reto es encontrar compensaciones de calidad, porque no existe un método de certificación o verificación aceptado universalmente.
Buscar lo que en el campo se conoce como “adicionalidad” es crucial para encontrar compensaciones de carbono de calidad.
“Lo ideal es invertir en un proyecto que de otro modo no hubiera sucedido”, afirmó Anja Kollmuss, científica titular en el Instituto Ambiental de Estocolmo.