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De diosa rockera a matriarca mariachi

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Linda Ronstadt tiene una larga historia con la música mexicana. En 1988, apareció en Broadway para interpretar Canciones de mi padre.
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Septiembre 28, 2008

Por PATRICIA LEIGH BROWN | SAN FRANCISCO

Aun hoy, a los 62 años, Linda Ronstadt recuerda un verano en Guadalajara cuando tenía 12 años, y a un chico mexicano de cabello claro llamado Mario.

“Coqueteaba con él”, recuerda, mientras sus ojos seductores y labios en forma de corazón evocan la época cuando fue decretada la “Venus del Rock” por la revista Rolling Stone. “Una noche, oí música y corrí a la ventana. Me asomé por la cortina, y allí estaba Mario con dos taxis llenos de mariachis que me cantaron una serenata con fuegos artificiales”.

Para Ronstadt, cuyas raíces están profundamente embebidas en el suelo mexicano, fue la máxima seducción. “Éstas son canciones de voz grande, llenas de la exuberancia de la naturaleza, la fertilidad de la tierra, el amor y el romance”, dice de la música de mariachis, objeto de gran parte de su pasión artística desde que dejó atrás el rock, a principios de los 80.

La carrera posterior de Ronstadt ha incluido canciones clásicas del pop con Nelson Riddle, “Los piratas de Penzance” de Gilbert y Sullivan en Broadway, música country, cajún francés y, con Canciones de mi padre, música de mariachis, que la reconectó con su niñez en Tucson, Arizona, como la nieta de un ingeniero minero y ranchero germano- mexicano cuyo mariachi cantaba serenatas a la gente desde un quiosco, hoy desaparecido, en la plaza central de la ciudad.

Ahora está en proceso de transformarse de nuevo, esta vez como directora artística y educativa consultora del XVII Festival Internacional Anual de Música Latina y de Mariachis del Mexican Heritage Plaza, a finales de septiembre en San José, California.

El evento es uno de docenas de festivales y convenciones de mariachis que han florecido en Estados Unidos desde que se fundó la Convención Internacional de Mariachis de San Antonio, en 1979. Se han convertido en un atractivo para jóvenes músicos mexicanoestadounidenses, que llegan a talleres con maestros célebres como Nati Cano y Randy y Steve Carrillo del Mariachi Cobre.

“Se intercambia una energía diferente”, dice Ronstadt sobre los mariachis, que atraen a familias enteras. “No hay ningún borracho que grite ‘Heat wave’ cuando uno canta ‘Heart like a wheel”, una de sus canciones más conocidas.

La música de mariachis surgió en el estado de Jalisco, en el oeste de México, a finales del siglo XIX, cantada por músicos que viajaban de pueblo en pueblo para las fiestas patronales y ferias.

Durante la Revolución Mexicana, soldados mariachis tocaban corridos a Pancho Villa y otros héroes; más tarde, las emotivas melodías que incorporaban ritmos indígenas se convirtieron en un símbolo patriótico de México.

Pese a su prominencia, el género era considerado ligeramente de mala reputación. Fue en Estados Unidos que la imagen empezó a cambiar. Hace casi 30 años, la convención de San Antonio, generada por el movimiento chicano de los derechos civiles, ayudó a legitimizar a los músicos. Hoy en día, unas 500 escuelas públicas ofrecen clases de música de mariachi.

Ronstadt usó su estrellato para darle mayor exposición a la música mexicana. Canciones de mi padre, lanzado en 1987 y su primer álbum de música de mariachi tradicional, se convirtió en la producción en lengua no inglesa con mayores ventas en la historia de Estados Unidos.

“Nos colocó los reflectores encima”, expresó Cano, de 75 años. “Después de Linda, los mariachis se volvieron populares en salas de concierto, no sólo en las cantinas y fiestas”.

A través de la música de su padre y abuelo, Ronstadt finalmente parecía haber encontrado su identidad.

“Hay mucha nostalgia en la música mexicana, una profunda añoranza a causa de la necesidad de migrar, que es la razón por la que me identifico tanto con ella”, dijo. “Me fui de mi casa cuando tenía 17 años, y fue bastante desgarrador. Sentí nostalgia toda mi vida”.


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