“¿Está descontento o desalentado? ¿Su suerte es peor que lo habitual? En panfleto de un vidente pegado en un vagón del subterráneo dice: “Se garantizan resultados a cualquier problema en 24 horas.”
En momentos en que un torbellino devasta los mercados financieros, algunos videntes dicen que hay un verdadero boom.
“Antes el amor lo era todo. Ahora lo único que importa es el dinero”, señala Mary T. Browne, a la que alguna vez la revista Forbes describió como “la asesora espiritual de Wall Street” porque entre sus clientes se cuentan personas que trabajan en el sector financiero y celebridades.
En un departamento del East Village, la vidente Rosanna Schaffer- Shaw ofrece sus predicciones con el nombre de Fahrusha, que significa mariposa en árabe. “La gente está preocupada por su empleo”, señala Schaffer-Shaw, que cobra 150 dólares por sesión.
Uno de sus cliente, un tal Sr. P, que hasta hace poco tiempo tenía un puesto ejecutivo en una importante firma financiera en crisis como consecuencia de la explosión hipotecaria, le planteó su primera pregunta: “¿Debería poner fin a la relación con mi empleador?” (Le habían ofrecido otro puesto en la misma firma.) Schaffer-Shaw tiró tres cartas. “Es probable que no”, dijo. Más preguntas: “¿Debería mudarme a Puerto Rico? ¿Escribir un libro sobre lo que sé?” “¿Existe alguna posibilidad de que vaya a parar a la cárcel dentro de cinco años?” “¿Debería jubilarme?” Ante semejante angustia, Schaffer-Shaw señaló las cartas y exclamó: “¡Tiene el as de la felicidad!”.
Una vez que el cliente se fue, la vidente declaró que si bien siempre decía lo que leía en las cartas del tarot, trataba de expresar los pronósticos negativos en términos positivos y de hacer entender el papel que el libre albedrío desempeñaba en sus vidas.
“Cuando veo que las cosas andan mal, me siento obligada a mejorarlas”, dice. “Trato de decir la verdad con optimismo. Una voluntad extraordinaria puede cambiar el futuro”.