Los excesos de los últimos 15 años pasan factura
Una vez más, estamos viendo cómo se pincha una burbuja especulativa que fue consecuencia del aumento de los precios de los activos muy por encima del valor subyacente que tenían. Desde que los mercados existen, se han formado burbujas. Y cada vez que una de esas burbujas empieza a perder, normalmente tarda años en desinflarse, generando al hacerlo un enorme daño económico.
Recién ahora, por ejemplo, están empezando a desaparecer las burbujas de la última década y media, primero en el mercado de acciones y después en el sector inmobiliario. Pero las últimas semanas, desde todo punto de vista, han sido extraordinarias para la economía de Estados Unidos y su sistema financiero. Merrill Lynch, que fue fundado durante la administración de Woodrow Wilson, aceptó ser comprado por un precio bajísimo, mientras que Lehman Brothers, que se remonta a la presidencia de John Tyler (1841-45), sencillamente colapsó. El Gobierno debatía un plan para comprar cientos de millardos de dólares en valores que ningún banco quería. Sería la mayor intervención fiscal del estado desde la Gran Depresión, pensada para volver a poner en marcha los mercados financieros y mantener el crédito congelado para que no hunda a la economía en una recesión profunda.
Aunque la economía pueda evitar esa recesión profunda, es casi seguro que los dos próximos años no van a ser especialmente buenos. Ha sido un largo período de exceso, y la resaca también podría durar bastante.
Para el futuro cercano, el desenlace más probable sigue siendo un menor crecimiento económico, escasos aumentos de ingresos para la mayoría de los trabajadores y, para los inversionistas, retornos decepcionantes de las acciones y los bienes raíces. Si los consumidores comienzan a recortar su gasto alimentado gracias al endeudamiento, las cosas podrían empeorar.
Los economistas de Lehman Brothers emitieron una nota breve, explicando que el informe sería el último en aparecer con el distintivo de Lehman. Ese ligero eufemismo precedía otros: “Este episodio de crisis financiera, parece ser mucho más profundo y serio. Y no está claro de ninguna manera que haya llegado a su fin”, explicaban.
Es fácil pensar que la confusión de estos 13 últimos meses no tiene ninguna conexión con la burbuja de las acciones en los 90, que pareció concluir con la caída de las punto. com en 2000 y 2001. La debacle hizo caer el mercado mundial de acciones en más de un tercio, su peor caída desde la crisis del petróleo en los 70. El gasto empresarial en nuevos equipos se desmoronó y el empleo cayó durante tres años seguidos.
Sin embargo, pese a lo dramática que fue, la quiebra de las punto.com no llega a eclipsar los excesos de los 90. De hecho, según algunos de los indicadores más significativos, después del desastre, Wall Street parecía estar más en una burbuja que en una quiebra. La proporción de remuneraciones y salarios ganados por los empleados de las financieras alcanzaron un pico el año pasado. Sobre cada dólar pagado a la fuerza de trabajo estadounidense en 2008, casi 10 centavos fueron a gente que trabajaba en bancos de inversión y otras empresas financieras, unos 6 o 7 centavos más que durante las décadas de los 70 y 80.
¿Cómo fue que pasó esto? En primer lugar, la población de Estados Unidos (y la mayor parte del mundo industrializado) envejecía y había acumulado ahorros. Esto generó una mayor necesidad de servicios financieros.
Además, la explosión económica de Asia –y en estos últimos años, el aumento de los precios del petróleo– dio a los gobiernos en el exterior más dinero para invertir. Muchos se volcaron a Wall Street.
No obstante, una porción significativa del boom de las finanzas parece, asimismo, no haber estado relacionada con el desempeño económico y por ende ser insostenible. Benjamin M. Friedman, autor de Las consecuencias morales del crecimiento económico, recuerda que cuando trabajaba en Morgan Stanley a comienzos de los 70, los informes anuales de la empresa estaban llenos de fotos de fábricas y otras empresas tangibles.
En estos últimos tiempos, los informes de Wall Street tienden a destacar las finanzas por las finanzas mismas, gráficos con curvas ascendentes y fotografías de operadores de negocios. “Tengo la sensación de que en muchas de estas empresas, la actividad ha ido divorciándose cada vez más de la actividad económica real”, dijo Friedman.
Una de las pocas buenas noticias es que Wall Street finalmente parece tomar conciencia de sus problemas. Donde esto se ve con más claridad es quizás en los precios de las acciones, que finalmente cayeron del nivel estratosférico de la década anterior.
Esto no significa necesariamente que los precios de las acciones hayan terminado de caer. Las ganancias corporativas podrían disminuir, sobre todo si los hogares frenan el gasto. Puede decirse que el aumento inusualmente rápido del gasto de los consumidores en las dos últimas décadas es la tercera burbuja que enfrenta la economía.
Se produjo, en parte, gracias a un enorme aumento de la deuda, que ahora puede llegar a su fin.
Y aunque la economía evolucione mejor de lo previsto, es posible que los inversores se vuelvan pesimistas. Se dan largos períodos de exuberancia, en los cuales a los inversores sólo les preocupa no perderse la siguiente oportunidad, seguidos por crisis que hacen temer a esos mismos inversores que el mundo tal como ellos lo conocen esté a punto de acabarse.