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Todas las personas están preocupadas por la crisis económica que vivimos, causada por la carestía de los alimentos, aumento de inflación, reparto indiscriminado de bonos, incertidumbre de posible baja del precio del petróleo, crisis financiera internacional, etcétera; pero poco se ha hablado de la deuda moral que tendrá este Gobierno con el pueblo que le dio su confianza para que nos lleve hacia un futuro mejor.
¿Qué pasará con los niños actuales, jóvenes del mañana, que van a ser educados con la famosa ideología de género? La confusión que van a tener en sus cabecitas al saber que nacieron hombres o mujeres, pero que podrán ser lo que ellos decidan el día de mañana. ¿Con estos conceptos estoy educando o pervirtiendo a las generaciones futuras, solo porque unas minorías que poseen estos criterios sin bases científicas así lo creyeron y nos los han impuesto a las mayorías?
¿Cómo dar un paso atrás después de haber sentado este precedente en el país y del craso error cometido? Es un desgarre moral en algo tan importante como la supervivencia humana, pues ¿de qué nos servirá tener una sociedad con alimentos, vivienda, colegios, etcétera, si la decadencia moral crecerá, se destruirán los conceptos más elementales de familia a la que dicen proteger, y de la libertad de enseñanza? Esto será de obligatoria aplicación.
No quisieron poner que el Estado garantizará el derecho a la vida desde la concepción, con el afán de dejar la puerta abierta para introducir en el futuro el famoso mal llamado “aborto terapéutico”. O sea, el hombre decide quién vive y quién no.
¿Y el capítulo del “Buen Vivir”? Han querido inventar el agua tibia, pero ya hace 2.000 años Jesús nos dejó su palabra en la Biblia para enseñarnos a vivir bien. Y ¿los derechos de la naturaleza?, ¿desde cuándo nosotros le damos derechos a quien es poseedora de todos los derechos, pues es obra de Dios? Lo que debían haber puesto son las obligaciones de los ecuatorianos frente a la naturaleza, respetarla, mantenerla, porque los recursos no son inagotables. Recordemos que la naturaleza siempre cobra factura, y eso lo estamos viviendo con el calentamiento global del planeta. He llegado a la conclusión de que el espíritu con el que todo esto se basó fue en una gran soberbia contra el Creador. ¿A quién le cobramos esta deuda moral del país?
Eleana Endara Borja, ingeniera, Guayaquil
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