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SÁBADO | 27 de septiembre del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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¿Tiene futuro el Ecuador?
Es increíble ver cómo en épocas electorales nuestro pueblo es seducido por baratijas. Así lo veo como elector desde el año 1979. La razón fundamental para que se dé esto  es la falta de educación de nuestro pueblo, educación que es manejada por gente que se ha enriquecido a costa de la ignorancia del pueblo.
Siempre habrá en nuestros países latinoamericanos este tipo de coyuntura política. Para cambiar todo este esquema no basta ser honrado. Nuestro país necesita un estadista que imprima, como cohete chino, los cambios económicos, culturales y de conciencia en los habitantes de este país.

 Jamás los gobiernos que manejan estructuras políticas intentarán siquiera mejorar lo que he dicho. A ellos no les conviene que nuestros países progresen, porque su maquinaria está dirigida a las personas más humildes e ignorantes, que lamentablemente son la mayoría.

El candidato a Presidente de la República de las próximas elecciones deberá tener  cualidades humanas superiores; el tiempo y el deseo de dejar sus intereses personales, y en cuatro años dar frutos a la nación. De lo contrario, seguiremos de tumbo en tumbo con nuevas y viejas figuras políticas, porque en el país todo huele a podrido en política. Deberá ser cero por ciento político y ciento por ciento Ejecutivo, si no finalmente Ecuador desaparecerá por sus malos gobiernos.

César Villagómez Cárdenas,
ingeniero, Guayaquil
Cómo veo a mi país

Hacer una descripción de las bellezas naturales que hay en nuestro país convertiría este texto en un libro, por lo que basta con decir que es una atracción para muchos extranjeros que no vienen solo para disfrutar de los paisajes, fauna y flora; vienen también porque en cada región tienen una población rica en tradiciones, culturas y etnias diferentes, pero unidas en la diversidad haciendo un solo Ecuador.

En esta convivencia a través de la historia de nuestro país se ha respetado el derecho a discrepar. Muchos hemos luchado por erradicar el regionalismo, por cerrar la brecha de la desigualdad. Por primera vez estamos viviendo sentimientos de rencor, rompiéndose todo indicador de lo que es la democracia. La más alta dignidad de un país debe ser un ejemplo para el resto de sus ciudadanos, pero ahora estamos frente a un modelo de Gobierno que enfrenta a estudiantes contra estudiantes, ricos contra ricos, pobres contra pobres, a ecuatorianos contra ecuatorianos.

Siempre he creído que la diversidad étnica y cultural que existe en nuestro país, lejos de dividirnos, debe unirnos, pues todos somos ecuatorianos con iguales derechos y por eso  debemos respetar las creencias que cada grupo tiene, sin que ello signifique que debemos pensar igual.

Tenemos los mismos derechos por ser ecuatorianos, pero somos diferentes, eso es lo que debemos enseñar no solo con la palabra sino con el ejemplo.

 No dejemos que alguien nos diga que unos son mejores que otros. No dejemos que nadie inculque el odio entre compatriotas. Permanezcamos unidos por un objetivo: hacer de nuestro país un lugar digno para todos los ecuatorianos, donde se respeten las diferentes formas de pensamiento, donde podamos decir lo que pensamos, sin miedo. Para que eso suceda no hace falta ningún documento ni nadie que nos diga a quién debemos odiar; solo necesitamos poner un alto a los rencores y a quienes los propician. El cambio no lo piensan o hacen otros, el cambio lo hacemos cada uno de nosotros, los ecuatorianos.

Aurora Quinteros Trelles,
psicóloga, Guayaquil

 

Cómo veo a mi país II

Todas las personas están preocupadas por la crisis económica que vivimos, causada por la carestía de los alimentos, aumento de inflación, reparto indiscriminado de bonos, incertidumbre de posible baja del  precio del petróleo, crisis financiera internacional, etcétera; pero poco se ha hablado de la deuda moral que tendrá este Gobierno con el pueblo que le dio su confianza para que nos lleve hacia un futuro mejor.

¿Qué pasará con los niños actuales, jóvenes del mañana, que van a ser educados con la famosa ideología de género? La confusión que van a tener en sus cabecitas al saber que nacieron hombres o mujeres, pero que podrán ser lo que ellos decidan  el día de mañana. ¿Con estos conceptos estoy educando o pervirtiendo a las generaciones futuras, solo porque unas minorías que poseen estos criterios sin bases científicas así lo creyeron y nos los han impuesto a las mayorías?

¿Cómo dar un paso atrás después de haber sentado este precedente en el país y del craso error cometido? Es un desgarre moral en algo tan importante como la supervivencia humana, pues ¿de qué nos servirá tener una sociedad con alimentos, vivienda, colegios, etcétera, si la decadencia moral crecerá, se destruirán los conceptos más elementales de familia a la que dicen proteger, y de la libertad de enseñanza? Esto será de obligatoria aplicación.

No quisieron poner que el Estado garantizará el derecho a la vida desde la concepción, con el afán de dejar la puerta abierta para introducir en el futuro el famoso mal llamado “aborto terapéutico”. O sea, el hombre decide quién vive y quién no.

¿Y el capítulo del “Buen Vivir”? Han querido inventar el agua tibia, pero ya hace 2.000 años Jesús nos dejó su palabra en la Biblia para enseñarnos a vivir bien. Y ¿los derechos de la naturaleza?, ¿desde cuándo nosotros le damos derechos a quien es poseedora de todos los derechos, pues es obra de Dios? Lo que debían haber puesto son las obligaciones de los ecuatorianos frente a la naturaleza, respetarla, mantenerla, porque los recursos no son inagotables. Recordemos que la naturaleza siempre cobra factura, y eso lo estamos viviendo con el calentamiento global del planeta. He llegado a la conclusión de que el espíritu con el que todo esto se basó fue en una gran soberbia contra el Creador.
 
¿A quién le cobramos esta deuda moral del país?

Eleana Endara Borja,
ingeniera, Guayaquil


 

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