Fueron diecisiete los equipos que se inscribieron en el Primer Concurso de Lectura “Entre socios y amigos”, organizado por la Fundación EL UNIVERSO. Coincidiendo con los cien años del nacimiento de Alfredo Pareja Diezcanseco, los libros protagonistas fueron sus novelas Baldomera y Las tres ratas.
El único requisito para participar era tener más de dieciocho años, integrar un equipo de tres miembros y ser un buen lector.
Los grupos tuvieron las más diversas composiciones: padre, madre e hijo; un matrimonio y su cuñada; dos jóvenes universitarios y su ex maestra de secundaria; tres personas que antes no se conocían pero que se juntaron para poder participar; profesores de un mismo colegio, amigos.
Las barras no fueron numerosas pero sí entusiastas, sus miembros podían responder dos preguntas y aportar puntos a su equipo. Las integraban hijos de los concursantes, padres, madres e incluso alguna abuelita, por supuesto, también amigos y amigas.
El concurso no solo consistía en preguntas acerca del contenido de las obras sino que les proponía a los equipos realizar actividades que demostraban su comprensión lectora.
Por supuesto quienes competían querían ganar, pero su actitud dejaba claro que, sobre todo, querían participar y disfrutar.
Fue una hermosa experiencia, se descubrió que la lectura puede unir personas y ser un motivo de celebración, que fue la tónica del proceso.
Ojalá, esto crezca y cada año tengamos más y más personas demostrando que la lectura es una necesidad vital, un hábito agradable, una forma de desarrollar y enriquecer el lenguaje, una manera de penetrar en el alma de los personajes y, por lo tanto, en la condición humana.
Si leyéramos más, tendríamos hábitos de reflexión, capacidad de análisis, posibilidades de concentración, oportunidades de desarrollar nuestra creatividad.
Si supiéramos leer, aprenderíamos las lecciones de la historia, conoceríamos mejor lo que nos ofrece la geografía, entenderíamos la generosidad de la naturaleza y lo que arriesgamos cuando la destruimos.
Si supiéramos leer, conoceríamos las leyes y nuestros derechos, entenderíamos mejor los mensajes de los políticos porque sabríamos descifrarlos, comprender lo que hay detrás de las palabras, desentrañar, descubrir.
Si supiéramos leer, crecería nuestra sensibilidad al penetrar en los secretos de un poema.
En definitiva, si supiéramos leer seríamos más humanos.