Los juveniles boquenses lo tuvieron a los revolcones y debió ir cuatro veces a buscar la pelota al fondo de la red. Duro, aunque son los avatares del oficio de todo gendarme del arco. En su lustrosa trayectoria será apenas una mínima anécdota. José Francisco Cevallos es el mejor arquero de la historia en el fútbol ecuatoriano. No lo dice el periodista, lo afirman los títulos, sus tapadas clave en tantas jornadas felices, ser un referente en la Selección, en dos grandes como Liga y Barcelona.
Reencontramos a Pancho, uno de los héroes del Maracanazo de Liga, en el hotel Panamericano, frente al obelisco de Buenos Aires, donde aguardó el campeón de América su olvidable partido con Boca.
-¿Eres mejor arquero a los 37 años de lo que eras a los 22…?
-Me siento más maduro. Se pierden cosas, la potencia por ejemplo. No es fácil ir a chocar con delanteros jóvenes, enormes, fuertes. Ya uno tiene su recelo, pero hay que enfrentarlo. La agilidad, la fortaleza de antes las suplo con otras cosas. Hoy, con relación a los 22 años más que todo me siento realizado. No porque hayamos ganado una copa, sino porque pude darle un buen ejemplo a mis hijos levantándome del piso, donde me habían puesto, y demostrando que todavía podía.
-¿A qué te refieres con levantarte desde el piso, a las lesiones?
-No. Tuve dos lesiones serias, una en la columna y otra en una rodilla que me tuvieron casi dos años alejado en diferentes épocas, pero lo más duro que me tocó vivir fue la salida de Barcelona, en diciembre del 2006. Se dijo que estaba acabado, que era viejo, que no servía…
-Duro.
-Sí, y en esto no tiene nada que ver la institución sino algunos dirigentes y periodistas. Luego tuvieron que contratar dos arqueros extranjeros. Bueno… me tuve que ir al Azogues, construir una nueva ilusión en un equipo pequeño, luchamos hasta la última fecha para entrar a la Copa y me pude levantar. Y más luego con esto de Liga, donde me dieron la posibilidad de jugar Copa Libertadores, me respetaron, me valoraron, creyeron en mí desde un primer momento.
-¿Cómo ves a Ecuador en la Eliminatoria?
-Estamos recuperando terreno luego de un comienzo durísimo. Los empates con Argentina y Uruguay nos han ayudado mucho en ese sentido, pero los puntos perdidos tenemos que recuperarlos ganando en Venezuela. Vamos bien, con un técnico de poca experiencia pero muy capaz, honesto, trabajador, no se complica, nos deja ser jugadores, profesionales, y ése es un compromiso que nos crea para no fallarle y clasificar al Mundial.
-¿Te sorprendieron cosas de Vizuete?
-Entrena bien, es súper sencillo, pero no es ningún improvisado, sabe sacarle lo mejor al jugador, me ha sorprendido lo bien que plantea los partidos… Y como le he dicho yo mismo a él: es un hombre con una estrellita que lo ayuda a salir adelante en todo lo que se propone.
Una actitud define a Cevallos: no tiene palabras despreciativas para nadie, sólo se refiere a alguien cuando es para ponderarlo. Y pese a su satisfacción el actual entrenador nacional, siente un profundo respeto por quien inició la senda triunfal: Hernán Darío Gómez.
-Bolillo nos cambió la mentalidad, ayudó muchísimo para creer en uno mismo y ése fue el factor fundamental. En Ecuador hubo grandes equipos, pero la mentalidad que tuvimos con Bolillo, la unión, el compromiso con el país fue única.
También de Alex Aguinaga tiene un recuerdo importante.
-Un deportista ejemplar, un líder, lo tuve de compañero y aprendí muchas cosas de él. Cómo guiar a mis compañeros, cómo motivar. Fue un embajador en México, aprendimos muchas cosas de él en lo humano, en lo personal, en lo futbolístico. Se lo extraña bastante.
-¿Ves difícil la clasificación?
-Está peleada. Es que esta vez hay equipos que están mejor que en Eliminatorias anteriores, como Uruguay, como Chile, Colombia mismo, aún con sus últimos resultados tiene más puntos que antes a esta altura. Y justamente ellos son los rivales con los que peleamos nuestro cupo.
-¿Cómo es la vida después de ser campeón de América?
-Espectacular. Todo, desde la llegada al país, las llamadas con felicitaciones, la visita al presidente y tantas cosas más. Es corto eso, dura veinte días, pero es algo maravilloso vivirlo. Esperamos que esto dure mucho, no conformarnos con el logro de la Copa sino seguir conquistando cosas. Por el club, por el país, por nosotros mismos.
-¿Qué es lo que más te impactó?
-El recibimiento. Eran las once de la noche y había una multitud, los hinchas metiéndose a la pileta con ese frío, gente con criaturas esperando dos, tres horas para vernos… Son sensaciones que uno quisiera que duraran toda la vida.
Liga le equiparó en un año todas las satisfacciones de una vida en Barcelona. Lo reconoce.
-Liga me abrió las puertas. Sabía que era mi última oportunidad y me esforcé al máximo, encontré un grupo humilde, trabajador. Eran los campeones ecuatorianos, pero se entrenaban como si fuera el último entrenamiento, se mataban en cada partido, eso ayudó muchísimo a que yo me adaptara enseguida al grupo. Nos comprometimos y seguimos peleando.
-¿Para qué está Liga? ¿Va ser otro Once Caldas, una estrella fugaz que se apagó enseguida?
-No, no… Nos ha costado un poco, pero creo que se va a mantener arriba. Está la base y van apareciendo jugadores nuevos que van aprendiendo de la mística, el trabajo, la humildad. Además la directiva quiere seguir creciendo. Son directivos serios, honestos, trabajadores, que apuntan a mejorar en todo y eso me gusta, están buscando cómo remodelar el estadio, traer cada vez mejores jugadores…
A los 37 años, Las Manos del Ecuador pasaron a ser Las Manos de América.
La diferencia entre los clubes de Quito y
Guayaquil es de organización
Aquella atajada frente a Brasil en el 2001 lo define como arquero. Ecuador estaba por consumar un histórico triunfo sobre los pentacampeones mundiales. De pronto, Romario sacó un latigazo bajo, junto a un palo, que venía a estropearlo todo. Pero ahí apareció la grandeza de Cevallos para ahogarle el grito al Chapulín. Son tapadas para ganar un partido, para llegar a un Mundial, para instalarse en el corazón de la gente.
-¿Qué colega te impresiona mejor de los actuales?
-Buffon. Lo sigo bastante. También me gustaba Oliver Khan, que acaba de retirarse. Antes el belga Jean Marie Pfaff. Veo mucho fútbol, les sigo sus movimientos, miro videos de cómo trabajan… Y aparte está la transmisión de conocimientos de mis entrenadores de arqueros, Oscar Manis en Liga y Pancho Reinoso en la Selección que están todo el tiempo aconsejándome.
-Se ha tornado importante la función del entrenador de arqueros.
-Fundamental. Lo primero que debe hacer un club después de contratar al técnico es al preparador de arqueros. En el arco empieza la seguridad de un equipo, que siempre se forma de atrás para adelante.
-En la ya inolvidable definición por penales ante Fluminense, ¿cómo te preparaste?
-Lo hablé antes con Bauza, le pregunté si sabía cómo remataban y me respondió: “Lo único que puedo decirte es que no te juegues, esperá hasta lo último en cada penal”. Eso hice. Y además demoré cada penal para manejar la tensión, crear nerviosismo en el rival, hacerlo dudar, que tuviera mucho tiempo que pensar, por eso me iba a la red, rezaba, hablaba…
-¿Es cierto, como se dice, que se empieza a ser un gran arquero a los 28 años?
-Creo que sí. Como te digo, vas ganando otras cosas que te sirven, sobre todo en los momentos difíciles de un partido.
-“Para ser un buen arquero primero hay que comerse 200 goles”, decía Amadeo Carrizo.
-Es verdad. De eso se va aprendiendo, a no cometer los mismos errores, a saber tomar mejores decisiones. Todos los días se aprende y todos los días hay que trabajar, a pararse mejor, dar un paso más… Es una lucha constante que no se termina hasta el retiro.
-¿Y cuándo es el retiro…?
-Me he planteado una meta: retirarme en el Mundial del 2010. Primero hay que clasificar ¿no?, pero sería un bonito momento. Ojalá podamos lograrlo y me sienta bien físicamente, mejor que ahora incluso. Para eso entreno muy fuerte, soy el primero en llegar a los entrenamientos y el último en irme pensando en que si estoy bien tengo la chance de pelear un puesto en mi club y en la Selección.
-Debutaste en 1990, ¿cambió mucho la pelota en estos 18 años?
-Uffff… Recién lo hablábamos con Di Leo, el asistente técnico. Permanentemente se hacen más cosas en perjuicio del arquero. Primero fue el cambio de reglamento de que el arquero no puede tomar más la pelota con las manos cuando se la pasa un compañero. Está bien, pero hacen pelotas cada vez más rápidas, complicadas; coge curvas, baja, sube, se mueve… Y hay que adaptarse.
-¿Qué otras cosas han cambiado?
-Que tuvo que aprender a jugar con los pies, fundamentalmente. A mí me costó al principio, pero el secreto del arco es entrenar, entrenar y entrenar. Y cuidarse. Ya no se puede ser simplemente un atajador. Ahora hay que salir, meter un pase largo para los delanteros en el momento preciso, descolgar centros…
-¿Cuál fue el mérito mayor de Liga en la conquista de la Libertadores?
-No haberse achicado nunca. Lo demuestra el hecho de haber anotado siempre goles de visitante. Guerrón te encaraba en el Gasómetro, en México, en La Plata, donde fuera. Bolaños igual… Vera y Urrutia se plantaban firmes en cualquier cancha, Manso jugando, Bieler haciendo goles, la defensa sólida, Araujo, Calle, Campos aguantando con serenidad. Fue lo mejor del equipo, la personalidad.
-¿Por qué le han sacado tanta ventaja los equipos de la Sierra a los de la Costa en los últimos tiempos?
-Primero, es difícil para ellos pelear contra cinco. En esta liguilla Barcelona va a estar sólo y va a tener que subir cinco veces, los otros bajan una. Pero la gran diferencia es de organización. En estos últimos años los equipos de Guayaquil no estuvieron bien organizados. No es sorpresa que salgan campeones los equipos de Quito, Liga viene trabajando bien hace años, Nacional también, el Quito está fortaleciéndose.
Dice que la profesión de arquero viene de tiempo en la familia. Empezó con el padre.
-Mi papá fue profesor de música y era arquero de la selección de profesores. Ya viene en los genes. Mi hermano Alex, a los 15 años, cuando nos trasladamos a Milagro, comienza en 9 de Octubre. Él se concentraba, viajaba, entrenaba y esa vida me fue gustando. Al principio era defensa, pero después a los 12 ó 13 años me probaron y le agarré el gusto.
Y sigue en la descendencia.
-Mis tres hijos juegan al fútbol y el menor, José Gabriel, quiere ser arquero. Estuvieron en el Maracaná. Al final del partido bajaron y se tomó una foto en el arco donde atajé los penales. Estaba mudo. José Francisco es enganche, como Manso. El mayor es defensa, Francisco Andrés, Los voy a apoyar siempre y cuando me estudien. Ojalá salga un nuevo arquero en la familia.”
El amor por el fútbol está relacionado con el orgullo del pueblo: Cevallos es de Ancón, como el gran Alberto Spencer.
-Spencer es uno de los máximos ídolos, sino el mejor jugador ecuatoriano. No pude disfrutarlo viéndolo jugar. Alberto fue un embajador del país, un ejemplo dentro y fuera de la cancha, a eso hay que apuntar. En Ancón somos pocos los que hemos salido al fútbol profesional, está Alberto, está Pedro Muñoz, si no se me escapa un par más de jugadores.
Lo desahuciaron en Guayaquil, lo rescataron en Quito. Y entró en la historia ganando la Libertadores.