Diálogo.
El presidente de Bolivia, Evo Morales, y los prefectos rebeldes postergaron hasta el próximo lunes la firma de un acuerdo para poner fin a la crisis política de este país, informaron ayer fuentes oficiales.
Morales había reanudado ayer el diálogo con los prefectos en la ciudad de Cochabamba, fortalecido por el apoyo de sus pares sudamericanos.
Al llegar, el mandatario izquierdista acusó a sus interlocutores de “golpistas” y se congratuló por el respaldo que le dio el miércoles en Nueva York la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), en especial del venezolano Hugo Chávez y el ecuatoriano Rafael Correa.
La crisis política estalló hace dos semanas en violentas protestas en cuatro regiones que encaminan procesos de autonomía. Hubo quince muertos.
Pero ambas partes llegan con posiciones aparentemente irreconciliables. El prefecto Mario Cossío señaló que “la autonomía es un tema importante para el país, pero hay necesidad de analizar (toda) la Constitución Política del Estado”.
Pero el vicepresidente Álvaro García Linera recordó que la propuesta de Morales es de compatibilizar los estatutos autonómicos de las regiones rebeldes con el proyecto oficialista de Constitución, y rechazó volver a debatir todo el proyecto porque “la minoría no puede ganar en la mesa lo que perdió en el voto”.
El principal partido de la oposición, Poder Democrático y Social (Podemos, derecha), exigió el miércoles cambiar la calificación del Estado como “plurinacional”, pues rompe con el Estado unitario, la “reelección vitalicia de Evo Morales”, la justicia elegida por el voto y “el nuevo Poder Legislativo” con circunscripciones indígenas.
El jefe nacional de Podemos, el ex presidente Jorge Quiroga, dijo que quiere “otro proyecto de Constitución”, “que sea un acuerdo entre todos”.
La nueva Constitución socialista entrará en vigencia si es aprobada por un referéndum que debe ser convocado por el Congreso.