La campaña ecuatoriana por el referendo constitucional del domingo bajó el telón hoy con actos masivos en Guayaquil, fortín opositor donde el gobierno libró una lucha voto a voto para evitar una derrota que le abra un foco de rebeldía.
En un agónico intento por captar a los indecisos, el presidente Rafael Correa estimó que un rechazo al proyecto oficialista de Constitución comprometería su gobernabilidad.
"Sería imposible gobernar un país si es que vuelve el anterior Congreso (que controlaba la oposición); si es que vuelve el anterior fiscal, si es que vuelve el anterior superintendente de Bancos como efectivamente volverán si gana el No", dijo el mandatario a la radio guayaquileña Caravana.
Según el mandatario, una desaprobación supondría el regreso de los diputados que fueron declarados en receso por la Asamblea de mayoría oficialista que aprobó el texto constitucional.
El órgano, que asumió temporalmente la función legislativa, también reemplazó al fiscal, contralor y superintendente de Bancos, e incluyó en el referendo un régimen de transición que le otorga facultades para reorganizar el Estado en caso de que sea aceptada la Carta Política.
Mientras Correa hablaba en la radio, una larga caravana de vehículos recorría Guayaquil promocionando el voto en contra de su propuesta constitucional, lanzando arengas contra el jefe de Estado, constató la AFP.
La campaña está dominada por la confrontación, pero no existe ningún indicio de "fraude", dijo el jueves en un comunicado la misión de la OEA que vigila el proceso ecuatoriano.
"Nosotros no tenemos ningún indicio que nos indique que haya un fraude en marcha", dijo el chileno Enrique Correa, jefe de la delegación de la OEA, y tampoco han "recibido ninguna denuncia" pese a las reiteradas sospechas de un sector de la oposición encabezado por el ex presidente Lucio Gutiérrez.
Correa, quien impulsa una nueva Constitución que asiente las bases del "socialismo del siglo XXI", trasladó su base de campaña a Guayaquil ante la perspectiva de un posible revés en la ciudad más poblada y próspera de Ecuador.
La iniciativa de 444 artículos introduce reformas que regulan el libre mercado y permiten la reelección presidencial -con lo que el mandato de Correa podría extenderse hasta 2017. También incluye fórmulas con las que el gobierno espera sepultar una década de crisis que hizo caer a tres presidentes.
La derecha, la cúpula eclesiástica y los empresarios se oponen al texto constitucional por considerar que concentra el poder en el jefe de Estado y abre las puertas a la legalización del aborto y del matrimonio homosexual, aun cuando no menciona explícitamente esas prácticas.
Por su parte el alcalde Jaime Nebot, el más fuerte contradictor de Correa, multiplicó sus apariciones ante los medios para rechazar una iniciativa que, según él, quiere implantar "el socialismo que ya fracasó en Venezuela".
"No, y mil veces no", gritaban mujeres subidas al techo de sus vehículos, mientras otros militantes, parados en la esquina con un 'No' en rojo estampado en el pecho, hacían sonar pitos y repartían volantes con la consigna: "Vota en contra del gobierno antidemocrático y dictatorial de Correa".
"Correa jugó a lo último en campo enemigo, seguro de que allí no hay una oposición articulada que tenga futuro después de las votaciones", dijo a la AFP el analista Hernán Reyes, de la Universidad Simón Bolívar.