miércoles 24 de septiembre del 2008 Columnistas

Cascos blancos pandis

Esta semana en medio de las noticias, aconteceres, pronósticos y confrontaciones habituales que saturan el ambiente, generan malhumor y cansancio colectivo y hacen que el próximo domingo sea esperado con angustia o esperanza según los casos, se produjeron hechos que renuevan nuestra fe en las posibilidades del ser humano, sobre todo de los jóvenes.  Los pandilleros acaban de inventar los  cascos blancos pandis.

Las Naciones Unidas tienen una Fuerza de paz  multinacional que son los Cascos Azules, debido al color de los mismos. Son cuerpos militares armados encargados de crear o mantener la paz en zonas de conflicto.

También existen los Cascos Blancos que en cambio promueven la asistencia humanitaria y luchan contra la pobreza, la desnutrición, las catástrofes y actúan en emergencias.

Los pandis han hecho una mezcla creativa de esas experiencias y casi sin darse cuenta acaban de inventar los Cascos Blancos al servicio de las Naciones Unidas Pandilleras…

Hubo un hecho lamentable en Esmeraldas que produjo la muerte de un joven perteneciente a una agrupación a manos de otro de una agrupación diferente y un segundo resultó herido. El joven que falleció tenía autoridad en su grupo. Para quienes sabemos un poco de la organización de los grupos que llamamos pandillas, aunque en este caso se trata de naciones, sabemos que esto produce enfrentamientos interminables en las calles, pues en términos  pandilleros la sangre llama a la sangre.

Ya era nefasta la muerte de una persona pero la guerra que se aproximaba era de consecuencias impredecibles. Más dolor, más jóvenes muertos, en un círculo difícil de parar.

Se ofrecieron a ir jóvenes pandis de Guayaquil, involucrados en el proceso de paz,  pertenecientes a los dos grupos enfrentados y que son reconocidos en sus grupos. La urgencia de la intervención hizo que los embajadores plenipotenciarios viajaran en avión. Primera vez que lo hacían. Su misión: parar la guerra en las calles y lograr que se haga justicia legalmente. Viajaron juntos. Ricardo, Eduardo, Pablo, Álex y Ricardo sabían que su misión no era nada fácil. Iban sin armas a separar grupos enfrentados. Sus propios grupos debían aceptar el proceso. Cuando hay mucho dolor e impotencia de por medio es difícil parar las venganzas en poblaciones juveniles por momento casi infantiles, que se arman rápidamente. Pero los embajadores sabían que ojo por ojo y todos terminarían ciegos…

Estaban hospedados juntos pero a la vez separados de los lugares de conflictos como corresponde a embajadores plenipotenciarios. Comenzaron su riesgoso trabajo de escucha y acercamiento. Exhaustivo, agotador. Cinco, seis reuniones largas por día a veces hasta altas horas de la noche. Su primera tarea era lograr que sus hermanos acepten que la solución,  aunque no hay solución para la muerte, es la justicia y la equidad pero no la represalia y la venganza. Y que, además, hay que reparar en algo el mal causado.

Una vez logrado ese acuerdo basado en valores fundamentales, apuntalado con amistad y respeto, había que investigar qué había pasado realmente. No se podía  condenar sin estar seguro de quién cometió los hechos.  Fueron seis días que los dejaron exhaustos convertidos en cascos blancos con tareas como los azules de las Naciones Unidas pero desarmados como los que actúan en catástrofes.

Lograron su cometido; para ellos mismos es motivo de asombro. Darán seguimiento a los acuerdos y apuntalarán sus grupos en caminos con recorridos nuevos e inesperados, llenos de esperanza. Comprobaron que es posible lograr cambios positivos. Pioneros de comportamientos que muchos deberíamos seguir.
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