Miércoles 24 de septiembre del 2008 Sucesos

Policías se quejan de trato en la institución

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Cerca de 230 policías que fueron trasladados desde varias provincias de la Sierra a Guayaquil, el pasado 12 de este mes, están descontentos por el pase inesperado.

Uniformados que han sido trasladados a Guayaquil critican trato y forma en que dejaron sus familias.

Insatisfechos, porque los trasladaron de un día para otro; agotados, porque no descansan en lugares adecuados y por más de ocho horas al día; temerosos, porque las armas que les dieron están vetustas, algunas  –dicen– son inservibles; y deprimidos, porque la partida intempestiva  hizo que dejen a sus familias sin las debidas precauciones.

Se trata de los  más de 230 policías que han sido trasladados a Guayaquil desde el pasado 12 de septiembre, cuando –ante el crecimiento del índice delincuencial– el Gobierno decidió aumentar el número de policías en la ciudad e incluso el comandante general, Jaime Hurtado Vaca, despacha desde acá.

Cuentan que llegaron de distintos cuarteles de Imbabura, Cotopaxi, Bolívar, Loja, Carchi y Tungurahua; y desde las Unidades de Policía Comunitaria (UPC) o Puestos de Auxilio Inmediato (PAI), y en los puestos móviles de auxilio muestran y expresan su descontento.

Prefieren mantener la reserva de sus nombres, por temor a sanciones, pero sí son frontales para criticar el trato que, dicen, están recibiendo e incluso uno de ellos se atrevió a expresar que “el Gobierno nacional, por quedar bien con Guayaquil, hizo traslados inesperados, que afectan a nuestras familias”.

Aunque reconocen que la labor policial tiene sus sacrificios, critican la decisión drástica de trasladarlos. Dejaron hijos, esposas, padres e incluso algunos no pudieron entregar sus armas al Distrito en que laboraban, y tampoco recoger sus pertenencias y dejarlas organizadas.

“Esos cambios intempestivos afectan muchísimo al policía, que de por sí hace un trabajo sacrificado en el que tienen libre cada 12 o 15 días. Separarse de sus familias, peor cuando hay niños de por medio, es tormentoso para ellos”, dice la máster Raquel Soriano Villamar, quien fue psicopedagoga en la escuela de Policía en Guayaquil.

Una situación depresiva es la que vive en estos días Alfonso (nombre protegido), quien dejó en la Sierra central a su bebé de ocho meses al cuidado de su esposa. Él vino con unos 40 gendarmes a Guayaquil. “Me apena esta situación, porque los traslados se hacen después de dos años. Si es que aprueban el mío, celebraré con mi hijo su tercer cumpleaños”, lamenta desde ya, como resignándose a que no volverá tan pronto.

Pero al llegar a Guayaquil no solo han visto afectada la parte psicológica. Policías que fueron asignados a la Unidad de Vigilancia Norte, con sede en La Florida, se quejan de las condiciones en que descansan.

Cuentan que al menos 30 uniformados duermen en un salón de unos 6 m x 10 m sin ventilación necesaria. Lo peor, dicen, es que “no tenemos un poco de privacidad y soportamos hartos mosquitos por las noches”.

Otra queja constante es que tampoco se respetan “las ocho horas laborales”, como dice la ley y fue el compromiso estatal que incluso  repitió –el pasado 11 de septiembre– el subsecretario de Desarrollo, Francisco Jiménez. “Hay días en que llegamos a cumplir turnos de 12 y hasta 16 horas”, dice uno, para quien su único entorno es la Policía y debe conformarse con una llamada telefónica para saber cómo están sus familiares.

“Cuando nos graduamos decimos en un juramento que estaremos dispuestos adonde nos manden”, comenta un Policía, que también pide un trato más humano en la institución, en la que cuando llegaron a Guayaquil les dijeron que tendrán tres días libres cada tres semanas; es decir, saldrán cada 21 días.

Dicen que quisieran aprovechar esos tres días, pero los que vienen de lejos desde ya lamentan que más tiempo pasarán viajando antes que disfrutar de sus padres, esposas e hijos.

Así se queja uno que es originario de Ibarra, quien cuenta  que hay unos 10 policías costeños que anhelan el pase a Guayaquil, pero no se los dieron; sin embargo, reconocen, a esta ciudad llegaron otros que recién están conociendo las calles.

TEXTUALES: Reacciones

Édison Ramos
Comandante

“Se les cubre a los policías las necesidades básicas para la convivencia y en el nuevo plan de seguridad incluye construir una vivienda fiscal, colegio y escuelas para los hijos”.

N.N
Policía

“Si estamos lejos de nuestras familias no podemos trabajar a gusto y estamos preocupados de la crianza y educación de nuestros hijos”.

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