Soberana de los condimentos, nunca se apreciará bastante la modestísima sal de la mesa, pero sin ella, qué insípida sería nuestra comida, y qué mala salud tuviéramos. Así y todo, para brindar sus mejores beneficios, esta soberana precisa de compañía: una cierta proporción de yodo. El yodo es esencial para el desarrollo del cerebro y otros órganos. Su déficit produce bocio, trastornos cerebrales, incluso cretinismo. Como lo demostraron los médicos investigadores Rodrigo Fierro y José Varea, durante el embarazo el déficit de yodo ocasiona severas e irreversibles alteraciones en el feto.
Hasta hace unas décadas, estos males afectaban a un alto porcentaje de la población de la Sierra, que consumía la llamada sal común o sal en grano, sin contenido de yodo o con insuficiencia del mismo.
Conocedores de ello, los médicos del país exigieron por años que la sal fuera yodada, sin que los poderes públicos o industriales de la sal dieran importancia a su demanda. Por fin, el recién creado Ministerio de Salud secundó la demanda, reforzada por la Organización Mundial de la Salud, que dispuso que los países asociados pusieran en marcha las medidas necesarias para yodar la sal. Al cabo, se consiguió que el Congreso Nacional aprobara la ley de yodación de la sal. El Ministerio hizo una grande y sostenida campaña para que la población, sobre todo rural, consumiera sal yodada.
Pero he aquí que ahora afrontamos una insidiosa demanda penal.
Tiempo atrás, industriales y comerciantes colombianos comenzaron a exportar sal al Ecuador. No existía garantía de que esa sal estuviera debidamente yodada, ni nuestro país estaba en capacidad de controlar cada lote que ingresaba, legal o ilegalmente. Nuestro gobierno adoptó medidas para evitar el peligro que representaba el consumo de sal colombiana. Ahora Colombia ha demandado al Gobierno ecuatoriano ante el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina de Naciones, por incumplir resoluciones de la comunidad, que prohíben a los países miembros tomar medidas internas que atenten contra el intercambio de bienes, salvo aquellosque afecten la salud, como cigarrillos y bebidas alcohólicas.
Los graves trastornos por deficiencia del yodo no aparecen en forma inmediata si no tardíamente, cuando ya son irreversibles.
Además el consumo de tabaco y licores, salvo excepciones, no practican las mujeres embarazadas; en cambio, el consumo de la sal es común en toda la población.
¿Será imposible que el gobierno colombiano comprenda que peor que cigarrillos o alcohol sería para nosotros consumir sal no yodada?