martes 23 de septiembre del 2008 Columnistas

El voto vergonzante

“Han dicho que tienes que votar por el No, porque si gana el Sí a ellos los van a despedir. Muchas personas que tienen decidido su voto prefieren reservarlo”. “Unos dicen que están por el No porque les pagan, pero van a votar por el Sí, o viceversa”.

Estos son testimonios textuales recogidos en grupos focales realizados en el sector guayaquileño Nueva Prosperina el jueves 11 de septiembre. Parecería demostrar que en el referéndum del 28 de septiembre va a operar ese fenómeno que algunos denominan el “voto vergonzante” o “voto oculto”, y que, por lo tanto, los datos divulgados por las encuestadoras van a ser muy diferentes del resultado final, una vez realizado el conteo del Tribunal Electoral.

Este concepto apareció en la jerga del análisis político en las elecciones presidenciales de 1996, siendo finalistas Nebot y Bucaram. El candidato del PRE instaba a sus electores a mentir a los encuestadores para que crean que iban a votar por el “aniñado Nebot”, pero el día de los comicios hacer una raya en el casillero “de la Diez, la de los pobres”. En efecto, el día de las elecciones se realizaron tres exit polls diferentes, que entrevistaron a unas 200.000 personas durante la jornada. A las cinco de la tarde, el veredicto fue de empate técnico. Sin embargo el conteo oficial le dio a Abdalá Bucaram una ventaja de 8%, más de medio millón de votos. ¿Cómo pudieron equivocarse tanto las encuestadoras? Es culpa del voto vergonzante, se dijo.

Diez años después aparece de nuevo esta anomalía estadística, para explicar una probable imprecisión a la hora de pronosticar los resultados. Como investigador de la opinión pública y encuestador profesional, discrepo de este enfoque. Sostengo que es posible detectar y controlar el efecto que puede ocasionar la manipulación política de los actores interesados en tergiversar los resultados de las encuestas, con un adecuado diseño técnico, la capacitación del personal de campo, la supervisión y el procesamiento estadístico, que deberían evitar al máximo caer en distorsiones. Sobre todo, en el ejercicio de simulación de voto se debe reproducir las mismas condiciones de secreto y confidencialidad, para que los electores puedan hacer libremente este ejercicio.

Para mí, el “voto vergonzante” es un concepto inapropiado, que no hace bien al profesionalismo de la mercadotecnia política en el Ecuador.
La política y la sociedad ecuatoriana están en un proceso de transformación; para estudiarlas y comprenderlas es necesario abrir la mente a nuevos enfoques y métodos de investigación política. Combinar técnicas cuantitativas y cualitativas, insertar enfoques culturales y etnográficos, luchar contra el sesgo consciente o inconsciente, son tareas permanentes y obligatorias de los investigadores sociales. Es hora de convertir a las encuestas de opinión en instrumentos comprensivos del proceso de cambio, para que dejen de ser diagnósticos vacíos e imprecisos.

* Consultor político.
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