‘Me separé de mi marido gay’
Cuando leí una carta que enviaron a El Especialista contando que una chica tenía un cuñado gay, me puse a pensar en que yo sospechaba lo mismo, pero no de mi cuñado, sino de mi marido. Mis dudas empezaron cuando un día un amigo suyo lo invitó a una fiesta de cumpleaños y él regresó a las tres de la mañana pasado de tragos. Me decía que no me quería hacer daño, pero que él se lo estaba haciendo a sí mismo. Al día siguiente amaneció sospechoso y cuando le pregunté qué le pasaba me dijo nada. Pero en el fondo sabía que algo le ocurría.
Después de unas horas su amigo vino a nuestra casa y alcancé a escuchar que le decía a mi marido que ya era hora de que saliera del clóset porque ambos merecían ser felices. Me impresioné tanto que sentí un peso inmenso en mi cerebro. Me angustié mucho y no salía del shock, pues siempre creía que mi esposo era muy hombre, pero me equivoqué. Apenas se fue el amigo le pedí que me confesara la verdad, y llorando se atrevió a decirme que era cierto lo que escuché. Al oírlo, aún permanecía en shock. Lo primero que hice fue acostarme en mi cama a llorar y luego decidí buscar ayuda. Se me ocurrió ir con un sacerdote, para que me orientara. Este me dijo que no era correcto que viva con un hombre que deseaba a otro y que buscara ayuda psicológica. Eso hice y sinceramente aprendí que lo mejor que podía hacer era separarme de él para que sea feliz a su manera. Llegamos a un acuerdo, y este fue no decirle a nadie el motivo real de nuestra separación, porque él no estaba listo para salir del clóset ya que su familia lo condenaría y también la mía. Gracias a Dios no tuvimos hijos, porque de lo contrario habrían sufrido nuestra separación.
Mi ex es un hombre muy bueno y alguien que sufría mucho, pero ahora sé que al menos se siente libre y yo aliviada.
N.N.,
Guayaquil
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