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Edición del DOMINGO 21 de Septiembre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Ecología 
Palo santo, remedio divino
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La madera en trozos, también usada para infusiones, y en cápsulas pegadas con goma de mullullo son dos de los productos de la fundación.
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Su aroma y efectos en Guayaquil

Texto: Moisés Pinchevsky

Desde curar un resfriado hasta prevenir el cáncer. Este árbol es la materia prima de una serie de productos medicinales impulsados por una fundación en Puerto López (Manabí).

Un agitado hecho político ocurrido el 21 de enero del 2000 se convirtió en una fundación que hoy brinda trabajo a más de cuarenta personas y salud a miles más.

El psicólogo italiano Dante Bolcato, director de la Fundación Deltatau Palosanto, lo explica: “Llegué al Ecuador en enero del 2000 para buscar esencias que me permitieran lograr mi gran sueño: convertirme en perfumista. Pero mientras pasaba por Puerto López (Manabí) estalló la revuelta que acabó con el mandato presidencial de Jamil Mahuad. Al quedarme atrapado en esa población (no había transporte) decidí tomar un tour por el Parque Nacional Machalilla, en donde la guía me mostró el árbol del palo santo y me habló de sus propiedades”.

Él se quedó sorprendido por su uso tradicional: al quemarse produce un humo de aroma agradable que espanta a los mosquitos y “limpia la casa”. ¿Limpia la casa? se preguntó Bolcato, quien lo asoció a los males del cuerpo, porque luego se enteró de que en tiempos ancestrales era utilizado por chamanes y curanderos para aliviar enfermedades como la gripe, alergias, dolor de cabeza y de huesos. Por eso los colonizadores españoles comenzaron a llamarlo palo santo.

Fue entonces que regresó a Italia para analizar muestras de esa madera cuyo nombre científico (Bursera Graveolens) significa “bolsa llena de aceite”, tras lo cual encontró en su composición química un producto que merecía renacer como remedio divino: tiene elementos antigripales (Alfa-Pinene), antisépticos (Terminen-4-OL), sedantes (Carvone, que también es insecticida) y antivirales (Sesquiterpeno), entre otros, para completar 112 elementos.

Aunque el componente más sorprendente es el Limonene, cuyo 62,88% de presencia en el palo santo ayuda a prevenir tumores de estómago, hígado, mama y piel, según esos estudios. “Es parte de sus propiedades de ‘limpieza’. Si uno se pone aceite de carro en la mano y luego se aplica el aceite esencial del palo santo, podemos ver que el aceite de carro comienza a diluirse. Me imagino que algo parecido sucede en el cuerpo con aquello que es negativo”, señala.

Medicina y ambiente
Bolcato regresó a Puerto López en octubre del 2000 para averiguar más sobre el palo santo en la cultura local. “Hablé con cerca de 700 personas, entre ellos muchos chamanes y curanderos, para que me indicaran los usos de esta madera”, señala este italiano, quien en sus ocho años en el país dice sentirse orgulloso de haberse radicado en Puerto López con el propósito de desarrollar productos medicinales directamente obtenidos del aceite esencial del árbol, el cual es extraído con un proceso de destilación por vapor y sin químicos.

Para ello se recolectan los maderos de los árboles que han muerto de manera natural. ¡No se cortan las plantas ni se promueve la deforestación!, aclara. Es más, la fundación ha sembrado en el transcurso de este año unas 5.000 plantas de palo santo en su programa de reforestación, y en febrero próximo espera comenzar la siembra de igual número en las provincias Manabí, Guayas y Santa Elena.

Labor social
Sin embargo, esta iniciativa no apunta solamente a los aspectos medicinal y ambiental. Su labor brinda trabajo a jóvenes de escasos recursos dentro de la fundación Deltatau, término científico que en griego significa ‘más o menos’.

Lázaro Chila es un joven de 23 años que ha laborado en la fundación desde sus inicios. “Comencé haciendo jardinería, arreglando el patio y luego Dante me enseñó a trabajar con las esencias y a hacer los productos. Hoy soy un artesano completo que ama su trabajo”, señala este nativo de Puerto López, quien hoy estudia para terminar el colegio, para lo cual también recibe ayuda de la fundación.

Mauricio Milligan, de la misma edad, también aprendió a elaborar los productos. “Buscaba trabajo y Lázaro me dijo ‘aquí hay’. Hablé con Dante y comencé a aprender el oficio; me gusta todo, desde hacer velas hasta sacar las esencias”, señala este muchacho que ahora es uno de los socios artesanos de la fundación, junto con los ecuatorianos Lázaro Chila, Linda Rodríguez, Rocío Loor y Rafael Mendoza. Además laboran siete personas en Olón (haciendo las cajas de palo de balsa para los productos), seis en La Pila (trabajan en cerámica y elaboran inciensos), seis en Jipijapa (recolectan árboles muertos de palo santo), tres en Portoviejo (limpian los árboles recolectados), cuatro más que atienden en el local del malecón de Puerto López, además de una veintena de mujeres que elaboran incienso de enero a mayo.

“La mayoría son jóvenes de escasos recursos que buscan superarse y madres solteras que quieren aprender el negocio de la artesanía”, explica Dante, quien aspira a que el próximo año la mayoría de sus colaboradores tenga talleres en sus respectivas casas.

El italiano Michele Bovo trabaja en la comercializaión de los productos dentro y fuera del territorio nacional. Han vendido este año 20 litros de aceite esencial en Estados Unidos, 4 en Italia, 3 en Venezuela, 4 en Argentina y 5 en Brasil, entre otros países, en una venta que apenas comienza, ya que el interés de esos mercados apunta a crecer al haberse comprobado la eficacia de estos productos como componentes de cremas para la piel, champús, jabones y hasta en el tratamiento de medicinas contra la psoriasis y hongos. “En Italia están experimentando incluso en casos de sida”, dice Bolcato, quien tiene 55 años y dos hijos manabitas.

Y si tales usos potenciales no son suficientes para que el palo santo se abra campo en el mercado mundial... no olvidemos que también espanta a los mosquitos.


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