- SEP. 21, 2008 - Foto - Cine - EL UNIVERSO
Ser diferente puede trastornar los delicados mecanismos internos de identificación psicológica y social, acumulando un patrimonio de dolor inevitable. Es el caso que retrata XXY, la historia del despertar sexual de una adolescente hermafrodita y su entorno familiar. La película trasciende ese escenario y se eleva como un bello e inteligente relato sobre la identidad y el afecto.
La complejidad se centra en Álex (Inés Efron), tiene 15 años y oculta un secreto. Al poco tiempo de nacer, sus padres (Ricardo Darín y Valeria Bertuccellin) deciden alejarse de Argentina e instalarse en una cabaña aislada en un desierto balneario de Uruguay, para así proteger de las miradas prejuiciosas a su hija. Pero en el nuevo pueblo es ya marginada como si fuera un fenómeno. Nunca ha sido operada. Su cuerpo alberga dos sexos: un interior femenino y un exterior masculino, y viceversa. La trama arranca cuando Álex conoce a Álvaro, otro adolescente, hijo de un cirujano plástico de Buenos Aires, que acepta la invitación de conocer a la hermafrodita por interés médico. Y es que la edad de Álex requiere de algunas decisiones drásticas. Es necesaria una operación de normalización hacia una u otra parte. No obstante, Álex, vivaz e inteligente, parece no sentir la exigencia.
En su primer largometraje de ficción, Lucia Puenzo (hija de Luis Puenzo, productor del filme) exhibe en XXY un notable talento, reconocido por la crítica internacional y galardonado en Cannes en el 2007. La cinta, que saca muy buen provecho de sus intérpretes, está iluminada por sobrios encuadres, dignos de un autor de vasto oficio. El alternarse de largos silencios y diálogos densos hacen de contrapeso al paisaje costero de rarefacción humana y la intimidad del detalle familiar. De esto se nutre la cineasta argentina, que afronta con valentía y sensibilidad este tema psicosocial delicado y poco común.
El pudor ha sido regla fundamental. La cinta, desgarradora y hermosa, tiene un guión bastante sólido y a una meticulosa puesta en escena, sobre todo por lo difícil del argumento y por la personificación de la adolescente hermafrodita que logra transmitir el desencanto de la juventud al afrontar el enorme problema de elegir.