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| Postura de guayaquileños |
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Sin ningún asombro, ya que la grosería, la vulgaridad y la estulticia intelectual son propias de quienes olvidan que la fuerza es el derecho de las bestias, leí y escuché por medios audiovisuales las declaraciones sátrapas del que desgobierna y atormenta al hermano pueblo de Venezuela, inmiscuyéndose torpemente en nuestra vida institucional, y siguiendo comunes denominadores se la ha tomado con la ciudad de Guayaquil, a la que yo reverencio y respeto.
Los guayaquileños no podemos admitir un proyecto fracasado de gorila, y no estoy haciendo alusión ni ofensa, sino específicamente al calificativo peyorativo que se daba en un pasado bastante reciente de la historia sudamericana a militares de izquierda y de derecha que asaltaban el poder, liquidando regímenes constitucionales e incluso asesinando a mandatarios legítimamente elegidos, más allá de que estos se desenvolvieran eficazmente o de espaldas a los intereses populares.
Tales gorilas son ya recuerdos de un pasado oprobioso que creíamos estaba superado, por la repulsa mundial que ellos provocaban; pero tal parece, como sostenía el pensador italiano Juan Bautista Vico, que la historia tiende a repetirse.
Bastante tragedia es entonces que el pueblo venezolano soporte las perchas vacías de las tiendas y supermercados, y tenga que avinagrarse el carácter con el permanente espectáculo con el que el dictador venezolano avergüenza a la patria de Bolívar, como para que también los ecuatorianos, y particularmente en este caso los guayaquileños, tengamos que soportar la exportación de su lenguaje de albañal.
Me he visto obligado a pronunciarme de esta manera, porque no he observado reacción proporcionada al agravio de parte de quienes estaban en la obligación legal y moral de aplicarle el freno a la desbocada intromisión en nuestra vida pública, lo que me hace sanamente envidiar al Comandante en Jefe de las Fuerzas Militares de Bolivia, que rechazó como correspondía la absurda pretensión de Chávez de incursionar con Fuerzas Armadas venezolanas en el soberano territorio de aquel país andino.
Aquiles Rigaíl Santistevan, abogado, Guayaquil
Hugo Chávez, presidente Constitucional de Venezuela, usted no tuvo la suerte de nacer en Guayaquil, por lo tanto, no tiene raíces huancavilcas. Usted tiene complejo de Simón Bolívar, y este complejo lo lleva a meterse con Guayaquil, sin derecho alguno.
Simón Bolívar fue un libertador, usted no le llega ni a la suela de sus zapatos.
Quien dice lo que quiere, oye lo que no quiere.
Yela Loffredo de Klein, Guayaquil
Es fácil darse cuenta (a menos que uno no quiera ver por estar cegado con tanta limosna del Presidente) de la influencia que tienen sus compadres Chávez y Morales.
¿Por qué no defiende al país cuando uno de sus amigazos dice algo en contra de nuestra nación? Si fuesen otros, ya hubiese expulsado a sus cancilleres.
Con respecto a un “Guayaquil separatista”, esto está causando desunión entre todos. Si este señor, que lamentablemente fue elegido para gobernar nuestro país, se pusiese a trabajar, dar trabajo y dejar trabajar, todo el país disfrutaría de las mejoras que se ven en Guayaquil a causa de su gente laboriosa.
Presidente, empiece a dar ocupación, deje de obsequiar limosnas; permita al pueblo ganarse la plata de una forma honrada, pues solo trabajando el país saldrá adelante. Por último, deje de gastar dinero del pueblo en tantas propagandas.
Joel Rendón, Guayaquil
¿Que Guayaquil es separatista?, ¡tremenda falacia! Lo que los guayaquileños (de nacimiento y de corazón) queremos –y ya por eso nos pronunciamos masivamente en las urnas– es la autonomía. Después de tantos años de haber soportado el latrocinio de políticos que manejaron el Cabildo de nuestra ciudad en beneficio propio, sumiéndola en la más profunda inmundicia, llegan las administraciones municipales del ingeniero León Febres-Cordero y del abogado Jaime Nebot para poner las cosas en orden y cambiar la imagen de Guayaquil, que se convirtió en una ciudad hermosa, admirada y visitada por miles de turistas del mundo entero.
Eso es lo que queremos los guayaquileños, que la urbe se mantenga hermosa y siga mejorando su imagen, como ciudad ejemplo de América; por eso insistimos en la autonomía, no separatismo, porque somos orgullosamente ecuatorianos. < |
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| Postura de guayaquileños II |
Vivo fuera del país. Regreso con frecuencia a visitarlo, siempre con el orgullo de ver a mi ciudad cada vez más hermosa y vibrante, sentimiento diferente al que sentía hace 16 años cuando el caos primaba sobre ella.
Hoy veo con temor que existe el peligro de volver a aquella época. Guayaquil, en manos del centralismo, perderá su aeropuerto, su Registro Civil, su agua potable, su alcantarillado, sus áreas de recreación, y los vendedores informales estarán invadiendo sus calles y centros comerciales.
No puedo entender que exista un guayaquileño que no recuerde aquel desastre y no reconozca la labor de nuestro Alcalde, obra que es reconocida mundialmente, excepto en nuestra propia tierra. El Gobierno, astutamente, ha labrado la animosidad contra Guayaquil para ganar los votos de la Sierra.
Guayaquileños, para muestra basta un botón: la delincuencia hace su agosto en estos momentos; el ministro Bustamante niega que exista un brote delictivo, ese señor o es ciego o ignora los hechos, o ambas cosas. Guayaquileños, con nuestro voto protejamos lo que tanto sacrificio nos ha costado
Hockles B. Paredes Ronquillo, Guayaquil
Ahora los ataques a Guayaquil y a nuestro respetado Alcalde no solo vienen de bocas insultantes de Carondelet, sino de lenguas totalmente extrañas que nada tienen que pronunciar de nuestro país y nuestra gente, por ser extranjeras. Me refiero en este caso, al presidente venezolano Hugo Chávez.
El Presidente venezolano se atreve a insultar a todo mundo, como le enseñó Castro, y ahora hacen lo mismo sus camaradas vecinos de Bolivia y Ecuador.
Chávez ha tenido la osadía y poca vergüenza de meterse con nuestra ciudad y con nuestro alcalde, abogado Jaime Nebot. Ese “político” extranjero mejor que cierre la boca, y la abra en su propio país.
El pueblo guayaquileño, los verdaderos guayaquileños de corazón y nacimiento, le prohibimos que vuelva a hablar de “separatismo” y meterse en asuntos netamente ecuatorianos; nosotros, los guayaquileños, no le hemos dado ningún permiso para que lo haga.
El régimen no atina qué hacer, porque sabe que con Guayaquil no se juega y que muchas familias residentes en esta ciudad, y guayaquileños que vivimos fuera de ella, rechazamos enérgicamente su dizque proyecto de nueva Constitución y su revolución ciudadana.
José Gabriel Benítez, Madrid, España Los guayaquileños, y también aquellos nativos de otros lugares de la patria que residen en nuestra metrópoli, reciben todo el apoyo y bondad, sin ninguna distinción, de la “Gran Ciudad”.
En estos momentos decisivos para Ecuador, cuando se aproxima un referéndum (el domingo 28), los verdaderos guayaquileños estamos bien unidos para demostrar el enorme poderío del “Gran Guayaquil”, con un rechazo a esa Constitución fraudulenta, dictada por Correa y los que lo rodean, llena de burlas por quienes quieren apoderarse de Ecuador y convertirlo en un país totalitario, igual a Venezuela, con el cuento de que “la patria ya es de todos”.
En interminables enlaces radiales, Correa se vale para mentir, insultar, achacar con irónicas burlas a todos quienes no están de acuerdo con él. El presidente también se vale para insultar en sus constantes giras de campaña por su “Sí”, pero de preferencia escoge los pueblos de la Costa y de la Sierra para decirle a la gente sencilla de aquellos lugares lo que le da la gana e insultar a sus rivales; de esa manera daña la conciencia de gente humilde que no comprende muy bien. Ah, pero en sus giras ignora ciudades grandes como Cuenca, Loja, Ambato, Tulcán..., ¿quizás porque en ellas no le van a permitir tantos insultos?
Centro principal de sus insultos es el abogado Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil, quien para Correa es solo un pelucón. Pero se hace el que ignora que Jaime Nebot es el mejor alcalde que Guayaquil ha tenido en todos los tiempos.
De ganar el “Sí” quien perderá no es Nebot, sino Guayaquil y especialmente los barrios suburbanos, a quienes Nebot los está dotando de agua potable, pavimentación, escuelas y muchas más obras. Dice un proverbio: “A los hombres los conoceréis por sus obras”; esto le va muy bien a Jaime Nebot, la historia algún día lo dirá. El presidente Correa también achaca a la Iglesia católica y a su representante en Guayaquil, monseñor Antonio Arregui, arzobispo de nuestra urbe. Además, les falta el respeto a distin |
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| Posturas de guayaquileños III |
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Dice un pensamiento que quien pierde la dignidad por mantener un trabajo termina perdiendo dignidad y trabajo. Esto se aplica a la perfección al presidente Correa.
Lastimosamente, no es el único caso, igual sucede en casi todas las situaciones de la vida en el Ecuador.
Este comportamiento es típico de los empresarios que someten al miedo y al terror a sus empleados, siempre bajo la amenaza de perder su trabajo.
Para Correa, no hay buenos ministros, no hay buenos alcaldes; nadie es bueno cuando se atreve a contradecir su voluntad y su prepotencia, y cae en desgracia de inmediato. La lista es extensa y cada día aumenta. Lo que parece que no entiende Correa es que todos aquellos que están con él y se someten a sus vísceras, nadie de ellos cree en su socialismo que ni él mismo sabe definir. Están para figurar y llenarse de ego con puestos importantes, y para salir en los medios como los “salvadores” de la patria. Están ahí para servirse del Estado, para enriquecerse, para ver qué negocio hacen, a qué pariente acomodan en qué puesto; para eso están, no para el socialismo mediocre de Correa.
Es interesante ver cómo el poder confunde, trastoca, enferma y saca lo peor del ser humano. Como siempre, el presidente de turno se llena de quienes lo alaban, adulan y le aguantan hasta la ofensa, el maltrato, la injuria pública, que los llame ineptos... Pero nada importa mientras puedan hacer de las suyas.
Este Gobierno es de risa, como lo es su Constitución y su socialismo. Qué pena, cuando la gente realmente se dé cuenta, el Ecuador estará al mismo nivel de Venezuela, Nicaragua y Bolivia, países que van directo al fracaso.
Milenko Martinich Montalvo, Obregón, México
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| Foro de lectores |
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¿Cree usted que el atleta cuencano Jefferson Pérez haría bien en participar en la política nacional?
Si eso es lo que Jefferson quiere, los ecuatorianos lo apoyaremos, pero antes de lanzarse a político deberá trabajar muy duro formando un equipo parecido a él, de personas realmente honradas y dignas, porque enrumbar al país no lo puede hacer una sola persona, sino todos, en equipo. De todas maneras, suerte, Jeffy, en lo que desees continuar. Dios te bendiga siempre, y Ecuador te aplaude y respaldará por igual.
Susana Narcisa Coello, Ambato
No me gustaría verlo en la política, por más buenas intenciones que él tenga de hacer algo bueno por el país. La corruptela, la envidia y el odio son tales que terminarán hostigándolo, como lo están haciendo con otro gran líder de Guayaquil (y además con la ciudad), el alcalde Jaime Nebot, a quien, en cambio, los guayaquileños conscientes y agradecidos sí lo respaldamos.
Volviendo a Jeff, él no necesita ser político, creo, porque es un auténtico líder de todos y cada uno de los ecuatorianos. Él nunca hizo ofrecimientos, ni dio discursos con cantos de sirena como miles de politiqueros que hemos conocido y conocemos; él, con su ejemplo, ha hablado mucho más de la honradez, el trabajo, el éxito, la unión, tan venidos a menos en este régimen.
Xavier Carvajal, Guayaquil
Pérez no solo tiene los dones de un gran deportista, sino que tiene cualidades de un verdadero líder. Aquí algunas de ellas: humilde pero no acomplejado; valiente, sin llegar a la arrogancia; con carácter, sin ser irrespetuoso; íntegro y capaz de discrepar, sin descalificar a sus oponentes.
Qué contraste con aquellos líderes que gritan y vociferan, que se pelean con todo el que no comulgue con sus ideas. Qué diferencia con aquellos que llegaron al poder y dijeron no pertenecer a la misma clase política tradicional, sin embargo, lo que vemos hoy es un poco de lo mismo, solo que con distinto protagonista y aderezado con más prepotencia y envanecimiento; mientras, el Ecuador sigue a la deriva con un costo de vida cada día más alto, sin fuentes de trabajo. Los más necesitados del país a la espera de unas dádivas de parte del Gobierno Nacional y lo peor, creyendo que una nueva Constitución va a cambiarles la vida.
Lo bueno en medio de este panorama sombrío es que tenemos a ecuatorianos como Jefferson Pérez dándonos ejemplo de lo que es un verdadero líder. ¡Felicidades, Jefferson!
Ángela López de Candage, Florida, EE.UU.
Ya no hay nada más que decir del cuencano de oro, solo queda resaltar siempre su humildad, don de gentes, lucha, ejemplo para las presentes pero mejor aún, para las futuras generaciones del Ecuador. Jeff tiene el amor de todos los ecuatorianos que vemos en él a un ciudadano respetable, prudente, educado, único, por lo tanto, digno de imitar. El mejor homenaje que él pudo lograr es el cariño de 13 millones de ecuatorianos, y eso no tiene precio.
Janeth Álvarez, Guayaquil
Preguntas
¿Está de acuerdo con que los vendedores informales vuelvan a comerciar sus productos dentro de los buses y colectivos?
¿Le parece bien que la Policía Nacional acepte la ayuda de la Municipalidad de Guayaquil para contrarrestar la delincuencia en la urbe?
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La Fundación Esperanza de Vida invita al bingo benéfico, a las 16:00, en el restaurante El Cantonés. Valor: $ 10. Información al 224-1343. |
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