Un país dividido en dos por las diferencias de raza, ideas políticas y clases sociales.
Dividida desde la época de la Colonia por mestizos y blancos, por un lado, e indígenas, víctimas de exclusión, marginación y pobreza, por otro, Bolivia subsiste en un clima de incertidumbre política, según actores sociales, dirigentes políticos y analistas.
Con la presencia del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, el presidente Evo Morales y cuatro prefectos opositores a su régimen buscaban desde el pasado viernes definir un acuerdo básico que zanjara la crisis política que en el país andino dejó 19 muertos en las tres últimas semanas.
Morales busca un consenso que le autorice para someter a referéndum una nueva Constitución socialista con la que quiere profundizar la nacionalización de la economía, dar más poder a la mayoría indígena y entregar propiedades de los terratenientes a campesinos pobres, por lo que enfrenta una gran resistencia.
El líder aymara Túpac Katari, por ejemplo, organizó con su ejército dos cercos a la ciudad de La Paz, en 1781, diezmando a la población criolla y española”, según el periodista y analista político Jaime Iturri.
Katari fue derrotado cuando llegaron refuerzos desde lo que es hoy Argentina. En los siglos XIX y XX también se vivieron momentos de inestabilidad y de inclusión de los indígenas, por ejemplo, tras la Revolución Nacional de 1952, pero las élites urbanas y de clase media siguieron detentando el poder.
Iturri refiere que hacia fines de los años noventa, la movilización de pueblos indígenas y movimientos sociales debilitó al sistema de partidos y ayudó al actual presidente, Evo Morales, a lograr el 2005 una victoria inédita con el 54% de votos, que hace un mes se amplió a 67% en el referéndum revocatorio.
Bolivia puede ser dividida también entre la región andina y la región amazónica-chaqueña. Las tierras altas acogen a los pueblos indígenas, especialmente aymaras y quechuas, donde gran parte de la población tiene una mentalidad comunitaria y estatista. Y la pobreza es una característica evidente y lacerante. Las tierras bajas, al contrario, tienen mayor población mestiza y blanca, mentalidad orientada al libre mercado y menos pobreza. Además tienen las grandes reservas de gas natural que Bolivia exporta a Brasil y Argentina para sostener la economía.
En la zona andina, Evo tiene un poder casi absoluto (77% del voto en el referéndum del 10 de agosto); en la Amazonía, si bien su popularidad es también importante (42% del voto total y más del 50% del voto rural), la presencia de liderazgos regionales conservadores es dominante.
Grandes empresarios, por lo general agropecuarios y ganaderos, controlan el poder económico y político de los departamentos de las tierras bajas, llamados Media Luna.
Estos últimos son los que generaron en las recientes semanas protestas violentas para evitar que Morales llame a consulta para aprobar la nueva Constitución, aprobada por la Asamblea Constituyente, pero que es cuestionada por la oposición. Esa Carta Magna aprueba un segundo mandato para Morales, ordena la confiscación de tierras agrícolas no productivas, aumenta los derechos de los pueblos indígenas, afianza el modelo estatista y reduce la autonomía departamental.
La segunda frase: “empate catastrófico” hace referencia a la presunta imposibilidad de que ninguno de estos sectores pueda vencer al otro. Ni Evo impondrá su constitución estatista, ni los prefectos conservadores lograrán la autonomía.
La historiadora Lupe Cajías explica que las divisiones actuales son el reflejo de situaciones de larga data. Señala que en el siglo 19 buena parte de los recursos del fisco provenían del “impuesto indigenal”, que pagaban los campesinos por sus actividades agrícolas. Los sectores profesionales y urbanos no pagaban ningún tributo.
Luego el gobierno expropió las tierras a los indígenas en el altiplano y se las entregó a grupos políticamente poderosos.
Cajías recordó también que la revolución de 1952 distribuyó la tierra solamente en la región andina, imponiendo una profunda reforma agraria, “que no afectó a las tierras bajas, en ese entonces muy lejanas de La Paz y, además, despobladas. Considera que ese es uno de los temas que explican el conflicto, “puesto que en las últimas décadas grupos económicamente poderosos recibieron grandes extensiones de terrenos de parte de los gobiernos, algunos dictatoriales, como favores políticos, sin pagar por ellas”.
El sociólogo José Blanes coincide con esta percepción: “La actual polarización étnica es un problema más reciente. Tiene su origen en el orden colonial, pero sobre todo en la República, a finales del siglo 19, con la expropiación de las tierras en el altiplano. Posteriormente es importante la reforma agraria, con la creación de las comunidades sindicales y la reconstrucción de las comunidades originarias”, explica.
Blanes añade que lo indígena, en su actual expresión, adquiere un valor político mayor a raíz de la lucha por la tierra en la región amazónica, que se plasma en varias leyes creadas desde 1995, que entre otras cosas, dan derechos a los indígenas del oriente y consolida los municipios indígenas.
Detalles
Evo Morales
Indígena, líder de los productores de coca. Llegó a la presidencia en el 2006, con el 54% de los votos (uno de los más altos porcentajes).
Rubén Costas
Prefecto opositor de Santa Cruz, ratificado en el referéndum de agosto. Es cabeza de la denominada “media luna”, bloque opositor de cuatro departamentos.
Mario Cossío
Prefecto de Tarija. Abogado y militante del centroderechista Movimiento Nacionalista Revolucionario. Impulsó un referéndum regional de autonomía.
Ernesto Suárez
Prefecto del departamento amazónico de Beni, considerado alguna vez “delfín” del ex dictador Hugo Banzer, en cuyo gobierno fue también prefecto.
Leopoldo Fernández
Prefecto de Pando. Otro “delfín” de Banzer. Se ufana de no haber perdido nunca una elección y de ser capaz de resistir el empuje de Morales. Está detenido.