El Senador Barack Obama acudió al colegio Granby, en Norfolk, Virginia, recientemente para hablar de educación. Sin embargo, primero, dijo: “Tengo que dedicar un momento a hablar de política”.
Durante los siguientes minutos, ofreció uno de sus ataques más mordaces contra su oponente republicano, el senador John McCain, al acusarlo de “mentiras y falsedades” y denunciar que sus tácticas de campaña insultan al público.
Ese ataque se registró entre los blogs del día, los titulares, los discursos de otros candidatos y voceros, boletines de prensa, denuncias y contradenuncias por correo electrónico, sin mencionar el artículo de prensa o el reporte transmitido en el noticiero vespertino.
Así que Obama trató, esta vez con la emisión, a las 6:00 am, de dar un nuevos ataque, seguido por un memorandum de David Plouffe, coordinador de su campaña, en el que le decía al mundo lo que Obama estaba haciendo y por qué debía prestársele atención.
Ese episodio refleja uno de los desafíos más frustrantes que enfrentan los candidatos al entrar a las últimas semanas de esta campaña: las maneras en que se combinan la proliferación de canales de comunicación y la implacable competencia por dominar cada ciclo noticioso.
Los asesores de campaña de alto rango dicen que ya no están seguros de qué funciona, al tiempo que se abren paso entre lo que ha llegado a ser una neblina de campaña diaria, una lucha por averiguar a qué le prestan atención los electores y, sin que sea casualidad, a qué le creen.
Matthew Dowd, que fue el estratega titular de la campaña de reelección del presidente Bush, en 2004, dijo que dada la proliferación de las fuentes noticiosas, y que tantas organizaciones anteriormente confiables estén bajo ataque, sería prudente que las campañas se deshicieran de las prácticas estándares.
Dowd hasta llegó al extremo de sugerir que McCain y Obama estaban malgastando su dinero en anuncios en televisión y que les convendría más prepararse para los próximos debates.
“En este momento, la habilidad para crear e impulsar una narrativa de mensaje es virtualmente imposible”, dijo. “Simplemente hay demasiado ruido”.
Obama y McCain han respondido a este desafío de maneras diferentes.
McCain, reflejando la influencia de Steve Schmidt, su jefe de campaña cotidiano, ve oportunidades en el caos. Su campaña es la más agresiva de las dos, al soltar información, a menudo frívola y algunas veces falsa, para tratar de lograr que el río siga revuelto.
Por ejemplo, el resurgimiento de la campaña de McCain ha ha dado a conocer lo que son presentados como anuncios incisivos, provocadores, e incluso entretenidos, que atacan a Obama.
La verdad de las cosas es que la campaña de McCain casi no compra tiempo de televisión para pasar los anuncios (eso sería demasiado pasado de moda). Sabe que las noticias por cable y los sitios de Internet los repetirán, posiblemente llamando más la atención de lo que pudiera esperar con un discurso, y casi gratis.
Aún así, los asesores de Obama y de McCain dijeron que no están seguros de qué tanto de estos ataques son notados más allá del público que pasa el tiempo viendo los canales de noticias por cable, o dan click en el mensaje más reciente aparecido en cualquiera de los numerosos blogs políticos que hay.
Los esfuerzos de Obama por sobresalir son relativamente rutinarios, aunque reflejan el hecho de que un simple discurso ya no es suficiente. Por lo tanto, junto con el discurso en Norfolk, sacó dos anuncios de televisión, alertas en varios sitios políticos de Internet y una serie de entrevistas vía satélite con canales noticiosos de televisión en los estados que no apoyan a ninguno de los candidatos. Los asesores de Obama dijeron que el resultado había sido el mejor que podían esperar.
Lo que podría no ser mucho. Si Dowd tiene razón, este excedente de información ha creado un campo de juego llano donde los electores están aceptando toda esta información, aunque a la larga creerán sólo lo que vean con sus propios ojos.
“Las únicas cosas que van a cambiar la ecuación de la elección son los cuatro debates”, señaló Dowd, al referirse a los tres debates presidenciales y uno vicepresidencial. “Eso es todo”.