A principios de 1968, Josef Koudelka renunció a su empleo como ingeniero aeronáutico para dedicarse tiempo completo a la fotografía.
Era un momento luminoso en Checoslovaquia: el reformista político Alexander Dubcek acababa de llegar al poder y había eliminado algunas de las restricciones estilo bloque soviético sobre la libertad política. El país hervía de emoción y el Gobierno ponía fin a la censura de la prensa y planteaba reformas democráticas.
“Fue un período fantástico”, dijo Koudelka, que creció en el poblado checo de Valchov, en una entrevista reciente, en Manhattan. “En un país donde nada era posible, todo era posible”.
No duró mucho. El 21 de agosto de ese año, la Unión Soviética y sus aliados del Pacto de Varsovia invadieron el país, y ese breve período de libertad, conocido como la Primavera de Praga, llegó a su fin. Al tiempo que los tanques recorrían la capital, Koudelka se mantuvo en la acción, al fotografiar a los soldados rusos interactuando con los residentes locales, seguido por las protestas y la violencia.
Aquellas imágenes en blanco y negro ahora se consideran ejemplos clásicos de fotoperiodismo, no sólo como documentación de un acontecimiento importante, sino debido a su proximidad a los objetos de su atención, que lleva al espectador al centro de la acción.
Cuatro décadas después del logro de Koudelka, aquellas fotografías están ahora en exhibición en dos galerías de Manhattan, Aperture y Pace/MacGill, en una colaboración titulada Invasión 68: Praga, junto con un libro publicado por Aperture.
A los 70 años, Koudelka está considerado entre los fotoperiodistas más influyentes, miembro de muchos años de la agencia Magnum. Durante gran parte de ese tiempo vive por elección propia como vagabundo, principalmente en Europa, donde continúa fotografiando los temas que le interesan.
Durante la Primavera de Praga, Koudelka fotografió principalmente a los gitanos en Romanía y a los actores en el teatro checo. Eso cambió cuando entraron los tanques soviéticos.
Las cosas empeoraron cuando los soldados abrieron fuego contra los manifestantes, y los ocupantes se apoderaron de las estaciones de radio. “Al tiempo que tomaba fotografías y veía morir a la gente en la calle, podía escuchar la radio en Checoslovaquia, que decía que todo el mundo estaba feliz en Praga de que los rusos hubieran llegado”. Las fotos de Koudelka fueron sacadas de Praga de contrabando poco después de la invasión y publicadas tanto en Estados Unidos como en otros lugares.
Koudelka ve la resistencia a las tropas soviéticas como un extraño momento de valentía para Checoslovaquia, seguida por 20 años de silencio y temor que él considera un desastre moral. Señaló que quería que su libro de fotografías fuera publicado como un recordatorio de esa valentía, aún cuando el dominio soviético ya quedó en el pasado, y Checoslovaquia se dividió, en 1993, en dos países que ahora están aclimatados a la democracia estilo occidental.