Nueva Zelanda es hogar de 2.065 plantas nativas que no se encuentran en ningún otro lugar en la Tierra.
Cuando los europeos empezaron a llegar a Nueva Zelanda, llevaron consigo plantas extranjeras, de jardín, cultivos y hierbas inadvertidas. Hoy, 22.000 plantas no nativas crecen en ese país. La mayoría puede sobrevivir sólo con el cuidado de jardineros y agricultores. Sin embargo, unas 2.069 se han aclimatado: se han propagado por todas las islas por sí solas. En Nueva Zelanda existen más especies de plantas invasoras aclimatadas, que especies nativas.
Suena como los ingredientes de un desastre ecológico: una plaga invasora que aniquila a su paso a las delicadas especies nativas.
Sin embargo, en un artículo publicado en la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias, Dov Sax, ecologista de la Universidad Brown, en Rhode Island, y Steven D. Gaines, biólogo marino en la Universidad de California, en Santa Barbara, señalan que la invasión no ha llevado a la extinción masiva de las plantas nativas. La cifra de extinciones documentadas de las especies neozelandesas es un gran total de tres.
Las plantas exóticas reciben mucha atención y crean mucha preocupación. Y algunos científicos consideran las invasiones biológicas entre las dos o tres fuerzas principales que llevan a las especies a la extinción. Sin embargo, Sax, Gaines y otros investigadores sostienen que esas actitudes son demasiado simplistas. Mientras que algunas invasiones son, de hecho, devastadoras, no suelen provocar extinciones y pueden impulsar la evolución de la diversidad.
Sus críticos consideran que la velocidad con que las especies se mueven por el planeta, combinada con otras clases de estrés en el medio ambiente, están en proceso de tener un impacto importante.
En su nuevo artículo, Sax y Gaines analizan todas las extinciones documentadas de vertebrados que han sido relacionadas con las especies invasoras. De estas extinciones 45 se debieron a depredadores introducidos, como zorros, gatos y ratas. En 1954, se introdujo para alimento la perca del Nilo al Lago Victoria.
Luego, ésta empezó a aniquilar a los peces nativos. “Si uno puede comer algo, puedes comerlo en cualquier lugar donde vivas”, dijo Sax.
El hallazgo de Sax y Gaines está reñido con los conceptos tradicionales de ecología, señaló Sax. A menudo se ha considerado que los ecosistemas tienen ciertos nichos que las especies pueden ocupar. Una vez que están llenos, nuevas especies pueden invadirlos si se extinguen las antiguas.
No obstante, al tiempo que los ecosistemas reales aceptan a las especies exóticas, no hay indicios de que estén saturados, agrega Sax. En su artículo, Sax y Gaines analizan el surgimiento de las especies exóticas en seis islas y archipiélagos. Las plantas invasoras se han aclimatado a un ritmo constante en los últimos dos siglos, sin señales de reducir su velocidad.
De hecho, la diversidad total de estas islas se ha duplicado. Los peces también muestran ese patrón, dice James Brown de la Universidad de Nuevo México.
“El patrón general casi siempre es que existe algún incremento neto en la diversidad”, dijo.
Sin embargo, los críticos, entre ellos Anthony Ricciardi de la Universidad McGill, en Montreal, sostienen que las invasiones biológicas de hoy son, fundamentalmente, diferentes a las del pasado.