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SÁBADO | 20 de septiembre del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Estamos cansados de tantas peleas diarias

¡Pero qué ironía! El Municipio reclama que estudiantes y algunos de sus empleados hicieron una “pequeña protesta pacífica” al pie de la Universidad Católica (cerrando las vías de ida y regreso de la Metrovía, más las calles de circulación normal, en contra del presidente Correa, y condena la actitud de la Policía.

¿Qué le pasó ahora, si tenía a la Policía a su favor cuando moradores de la ciudadela Floresta 1 se reunieron, estos sí pacíficamente y sin insultos, a 30 metros de la estación Floresta 1, y actuaron salvajemente contra los vecinos de dicha ciudadela, deteniendo a tres ciudadanos y acusándolos de sabotaje y terrorismo, y todavía uno de los tres sigue inmerso en este metrocidio? ¡Eso es mentir y aplicar el terror a los guayaquileños!

Esta carta no es solo para hacerles ver que no deben actuar mal, para que nadie actúe mal contra ustedes. Realmente es para decirles, tanto al presidente Correa, como al alcalde Nebot, ¡ya basta!, el Ecuador está cansado de tantos dimes y te diré. No es justo que ustedes siendo dos personas inteligentes, preparadas, profesionales y nuestros gobernantes a la vez, se dediquen a estos menesteres. Deben unir fuerzas, sentarse alrededor de una mesa y discutir cómo sacarán adelante, no solo a Guayaquil, sino a todo el Ecuador.

Espero que las personas que lean este escrito se adhieran y hagan fuerza conmigo; es más, hago un llamado a todos los ciudadanos, no importa la región, la edad, el sexo, la creencia religiosa, o si son simpatizantes de algún partido político, para pedirles a estos dos ciudadanos, a quienes nosotros los pusimos en ese lugar, que nos dirijan y gobiernen. Que estamos cansados de tanto bla, bla, bla, y que el dinero que gastan atacándose con publicidad cada uno, lo utilicen para bien de los ecuatorianos.

No soy seguidor de algún partido político, soy nada más y nada menos que uno de esos 12’000.000 y más de ecuatorianos que están cansados.

Johnson García Matute,
Guayaquil

 

Mónica Chuji
Las afirmaciones del articulista Emilio Palacio en su artículo ‘Renunció Mónica Chuji’, dan cuenta de los sinuosos límites éticos que está asumiendo el debate político en vísperas del referéndum validatorio del nuevo texto Constitucional.

Mi posición de renuncia al proyecto político de Acuerdo PAIS ha sido sacada de contexto y utilizada como argumento de deslegitimación y manipulación política, en una práctica que coincide con aquellas que me obligaron a renunciar de Acuerdo PAIS. En una frase de mi texto de alejamiento indico: “Por todas estas prácticas he llegado a la conclusión de que Acuerdo PAIS no es un movimiento de izquierda, aunque su pretensión sea la de autodeclararse como tal. De que su referencia al ‘socialismo del siglo XXI’ se convierte más en una estrategia política-electoral que en una realidad”.

Mi conclusión es que Acuerdo PAIS se ha derechizado y, por tanto, no puedo ser parte de un proyecto que entra en contradicción con mis principios y con mi vivencia. ¿Por qué no hizo, aunque sea de forma marginal, referencia a este punto fundamental Emilio Palacio en su artículo? ¿Por qué, sin embargo, dice que “La izquierda … está demostrándole al país una vanidad de poder que no imaginábamos”; cuando explícitamente en mi carta de renuncia niego que esta agrupación pueda ser considerada como tal?

 ¿Por qué no hace mención al proyecto del Estado plurinacional que consta en la misma carta de renuncia y que explica el motivo político de mi decisión? ¿Por qué no refiere al modelo neoliberal como referente histórico y que puede explicar, incluso, los apoyos electorales que suscita Acuerdo PAIS? ¿Por qué me adscribe responsabilidades de las cuales más bien he sido víctima?

Retomo las mismas frases de ese editorial y las parodio para comprender el proceso de manipulación inherente a este artículo, y la textura moral de su autor: se demoró Emilio Palacio para llegar a esta conclusión. Durante casi dos décadas permitió que se persiga a otros.
Guardó silencio cuando las políticas neoliberales ofendieron a las mujeres, cuando el neoliberalismo agredió a las comunidades y pueblos indígenas, cuando el neoliberalismo impuso leyes que generaron pobreza, que concentraron el ingreso, que destruyeron la institucionalidad del país, cuando el neoliberalismo protegió a los más fuertes y castigó a los más débiles...

La omisión de Emilio Palacio no es casual. Se debe a la influencia adormecedora del neoliberalismo, que cree que las relaciones de poder se cambian en virtud de la taumaturgia de las leyes... Me cuesta creer en la deshonestidad intelectual de ocultar una verdad tan grave para no afectar a un modelo que tanto daño ha hecho a nuestro país... Los medios, o al menos quienes por su intermedio expresan sus opiniones, están demostrándole al país una obsecuencia por el poder que no imaginábamos.

Mónica Chuji Gualinga,
Quito
Atraen votos de informales

Una imagen vale mil palabras, y una secuencia de imágenes, diez mil. En la televisión vimos absortos cómo en los balcones de Carondelet, el ministro Patiño, flanqueado por dirigentes de cierto partido político, incitaba a cientos de desocupados vendedores ambulantes a continuar subiéndose a buses y colectivos del país, porque supone “infiltraron” el artículo 139 literal E, de la Ley de Transporte y Seguridad Vial, que les impide subirse para proteger, justamente, a los amenazados y asustados usuarios del transporte.

Ordenó entonces que “los vigilantes y policías de tránsito no multen ni les quiten los puntos a los choferes y que estos últimos dejen trabajar a los vendedores”. ¿Para qué los ecuatorianos gastamos tiempo, millones de dólares y energías eligiendo asambleístas, cambiando la Constitución y manteniendo un “congresillo”, si el poder sobre la Ley lo ha tenido un ministro? ¿No se supone que esa Ley –vigente desde el 7 de agosto– solo puede ser modificada por los mismos asambleístas o legisladores, y cualquier ciudadano, por más influyente que sea, no puede abiertamente pedir su desacato?

Este tipo de palabras y actitudes demagógicas electoreras calculadas y condicionadas, pintan de cuerpo entero a quienes las pronuncian y evidencian que la generación de políticos de la tan criticada partidocracia sigue aún vigente y le hace más daño al país que al mismo presidente Correa.

Pablo Aníbal Izquierdo,
médico, Quito

Para ganar votos hacen concentraciones de transportistas y buses que bloquean una importante avenida de Guayaquil, y de la noche a la mañana desde Carondelet prometen a los vendedores informales que podrán realizar ventas dentro de los transportes públicos.

No saben ya a quién más contentar por ahora para que les den el voto. Eso no es pensar en los pobres, es utilizar gente para ganar una elección.

Ximena Carrillo,
Quito

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