Los ministros de Educación de Iberoamérica, reunidos en El Salvador, evaluaron el estado de la educación en nuestros países y trazaron nuevas metas hasta el año 2021.
Se trata de lograr una educación que dé respuesta satisfactoria a demandas sociales inaplazables, así como de lograr que más alumnos estudien más tiempo en planteles de calidad reconocida, equitativa e inclusiva y en la que participen la gran mayoría de instituciones y sectores de la sociedad.
Se habló también de la creación de un fondo internacional solidario para la cohesión educativa.
Quizás sorprenda que se esté hablando del año 2021, pero en educación los plazos son largos, por eso es que mientras más nos demoramos en iniciar un programa agresivo de mejoramiento de la calidad educativa, más lejos está no solo la formación individual de calidad sino también la dotación de ciudadanos preparados para incorporarse a la vida colectiva con formación intelectual y social suficiente como para lograr los cambios que el país necesita y construir una sociedad diferente, justa y en paz.
Si hoy comenzáramos a formar maestros de sólida y excelente calidad profesional y humana, para ver los resultados tendríamos que esperar el tiempo que requiere su preparación y al menos doce o trece años más, hasta que salgan de la educación secundaria sus alumnos.
De lo tratado en El Salvador quiero resaltar aquello de que “participe la gran mayoría de instituciones y sectores de la sociedad”, porque si así fuera sería altamente positivo.
En nuestro país hay enormes esfuerzos privados y de organizaciones no gubernamentales para contribuir a la cobertura y mejoramiento de la educación, pero debemos reconocer que la mayoría son esfuerzos aislados y que si se trabajara coordinadamente, quizás se podría cubrir mejor las necesidades educativas.
Pero para que esto ocurra es necesario primero, reconocer la necesidad y el derecho de participar que tienen sectores no estatales y, además, mantener un clima de mutua confianza y entendimiento, sin celos, sin afanes hegemónicos, si acaparamiento y sin trámites burocráticos engorrosos a los que los sectores no gubernamentales son ajenos.
Si todos colaboramos, si todos asumimos la responsabilidad de educar en un ambiente pluralista, sin exclusiones, atendiendo a las demandas y necesidades sociales, nuestro país podría ser distinto. Es cuestión de empezar a trabajar y de abrir los canales de la tolerancia y la cooperación.