Revisando el tono, forma y contenido de los comunicados de la embajada venezolana en el Ecuador respecto de la existencia en Guayaquil de grupos separatistas, no cabe duda que los agentes venezolanos cumplen ciegamente la línea histriónica trazada por Hugo Chávez, en cuyas manos la heroica espada de Bolívar se convierte cada día más en copia barata, “made in China”, de los sables de Star Wars, que se prenden, tienen luces de colores, luego se reducen y terminan dañados al cabo de poco uso.
Pero dejando a un lado a Chávez, no deja de ser interesante la discusión del separatismo, así como la acusación de que realmente en Guayaquil se está forjando toda una corriente que promovería y sustentaría la posibilidad de que esta urbe se separe del resto de la república. Me da la impresión de que al manejar la idea del separatismo, se siguen desempolvando viejos fantasmas del pasado de este país, que muy pocos han decidido realmente estudiarlo y asumirlo, historias y razones que no se sabe si están latentes o escondidas, que se presumen falsas pero que se temen ciertas y que podrían acarrear preguntas más complejas de lo que realmente quisiéramos imaginar. La unidad del Ecuador, la propuesta de una nación férreamente vinculada, la idea de un futuro uniforme. ¿realmente ha existido y existe en este país? Y por otra parte, ¿realmente se ha revisado con rigor histórico lo que Guayaquil quería y pensaba en la época prerrepublicana?
A todo esto, nuestro Presidente ha señalado que las élites guayaquileñas tienen un “proyecto Singapur” para ser otra república, lo que nos lleva a indagar, en primer lugar, la razón de ser de ese minúsculo país ubicado en el sudeste asiático. Singapur, geográficamente una isla con una superficie de 603 km² y una población de cuatro millones quinientos mil habitantes, configura lo que se conoce como ciudad-estado, es decir una ciudad con total independencia política y cuyas raíces históricas se encuentran en las ciudades de la antigua Grecia. Si bien Singapur es un ejemplo típico de una ciudad-estado, han existido otras como Hong-Kong, que se reintegró a la República Popular China, manteniendo determinados niveles de autonomía e independencia.
Ahora bien y volviendo al caso de Singapur, resulta importante señalar que esta ciudad-estado tiene una economía de mercado libre con uno de los PIB per cápita más importantes del mundo, con un nivel de vida altísimo y con niveles de competitividad realmente admirables y como simple muestra, es válida la referencia de su puerto marítimo, que es el que maneja mayor volumen de carga anual en el mundo. ¿Guayaquil, convertido en algo parecido a Singapur? Hay que decirlo muy claro, reafirmando su pertenencia al Ecuador, si se le permite a esta ciudad a base de un modelo económico y social acorde a su propia cosmovisión, convertirse en un centro de desarrollo al estilo de Singapur, ¿no se estaría realmente dando lugar a un cambio creativo y efectivo que ahí sí, permita reescribir la historia de este país? El planteamiento, ¿demasiado revolucionario para aceptarlo?