Los artesanos buscan sacarle provecho a los atractivos turísticos del sector Las Gilces.
Daniel Anchundia es uno de los 35 microempresarios turísticos que actualmente tienen las playas de Las Gilces. El paisaje se forma a un costado de la desembocadura del río Portoviejo en el océano, donde la marea es la encargada de evacuar el agua dulce que se empoza tras atravesar colinas y valles del interior de la provincia.
El estuario del río Portoviejo cuenta con su propia isla de los Pájaros, al igual que el estuario del río Chone, situado entre los cantones Sucre y San Vicente.
La zona se caracteriza por ser un sector pesquero pero que últimamente apunta al turismo para mejorar el ingreso de las familias artesanas del sector.
Anchundia es uno de los artesanos que comparte sus faenas de pesca con los viajes que realiza por el estuario del río Portoviejo, en compañía de los visitantes que llegan al lugar, a los cuales les ofrece su servicio como guía turístico, a bordo de su embarcación pesquera.
Los paseos fluviales de los visitantes alternan con el descanso que estos toman en las cabañas, bajo las cuales se bambolean hamacas, y que están ubicadas al pie de la laguna que es utilizada como balneario.
Aquí, los turistas pueden degustar los platos típicos de la gastronomía manabita que son preparados por los mismos comuneros, que también se dedican a la producción de sal.
“Ellos llegan por su cuenta para que los lleven a la Boca. Vamos en grupos de quince; y el paseo cuesta hasta $ 40, de los que, el 20%, se emplea en combustible”, dice Anchundia.
Uno de los atractivos en este sitio son las especies de aves como alcatraces, pelícanos, fragatas, garzas y cuervos que sobrevuelan el manglar, mientras que los delfines nadan junto a la panga durante los periplos.
Con interés de capacitarse para ofrecer un mejor servicio, los pescadores asistieron a un taller de microempresarios turísticos donde se los acredita como tales, otorgándoles un certificado que les sirve de garantía para que en el Banco Nacional de Fomento (BNF) se percaten de que el crédito que aplican se utilizará para el desarrollo de estas actividades.
Anchundia ahora sirve de guía, tal y como lo aprendió en los talleres, pero considera que el BNF debe instaurar líneas de crédito para los pescadores que quieran convertirse en microempresarios, ya que se restringen los préstamos para la adquisición de embarcaciones.
El BNF entregó 60 créditos a un igual número de microempresarios, de los 247 que existen en la provincia y que asistieron a los talleres de capacitación. Solo en Las Gilces se beneficiaron 16 propietarios de negocios, con un crédito de 2.000 dólares, que se cancela, incluido intereses y capital en un periodo de 2 años.