Siento entusiasmo por la vida y el bien que me aguarda hoy.
Dejar ir
En vez de tener mi atención fija en por qué algo me sucede, me doy el “regalo” de la experiencia de dirigirme a mi Dios interno. Estoy listo para captar lo que necesito saber y hacer ahora. Habiendo dejado ir cualquier pensamiento de dolor físico o emocional por acontecimientos o circunstancias pasadas, aclaro el camino para que la transformación de la curación comience.
Con mi atención en la presencia moradora de Dios, afirmo en silencio: Dejo ir y dejo a Dios actuar. Al no tener que tratar de “arreglar” mi vida, recibo nueva guía acerca de lo que debo hacer. Al dejar ir y dejar a Dios actuar, me siento inmediatamente en paz conmigo mismo. Mi receptividad al Espíritu me proporciona mayor paz, perspectivas más amplias y una comprensión más verdadera.
–Salmo 16:11
“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo”.