Canciones.
El compositor Nicasio Safadi, quien fue profesor de primaria de Blanca Ron en la escuela República de México, descubrió en esta niña sus cualidades innatas para la interpretación de la música ecuatoriana y la estimuló para que se dedicara a este oficio. Con el tiempo, esta pequeña, que nació en Guayaquil en 1930, se convirtió en cantante, compositora y poetisa.
Cuenta su hijo, Marco Medina Ron, quien conserva en una pared de su departamento los discos que grabó su madre, que ella alcanzó el profesionalismo en el programa ‘La corte suprema del arte’, de radio CRE.
Relata que su mamá se casó muy joven y que su esposo la alejó del mundo del canto. Entonces ella se refugió en la poesía. Se dedicó a musicalizar los versos de su autoría y los de otros poetas, como los hermanos Ileana y Gonzalo Espinel, y Medardo Ángel Silva. “Mi madre era cantante, compositora y poetisa”, recalca Medina, uno de los siete hijos que procreó la artista guayaquileña.
Era autodidacta. No estudió música y tampoco tocaba ningún instrumento, “pero llevaba la melodía en el corazón”, afirma su hijo.
A la fecha de su muerte, ocurrida en 1988, dejó como legado 35 composiciones, la mayoría en el género de pasillo - aunque también hizo dos boleros-, que fueron grabadas por ella o por intérpretes como el trío Los Brillantes y Leonardo Kike Vega, quien fue el primero en llevar al acetato una canción de esta autora, que en vida también publicó un libro de poemas, titulado Mi anhelo.
Blanca Ron falleció en un accidente de tránsito hace veinte años. Su hijo trata de mantener vivo su recuerdo. Recita de memoria los poemas que escribió y las letras de las canciones que compuso. Para mañana organiza una gala del pasillo, en el Teatro Centro de Arte, en recordación de las dos décadas de su muerte. En este concierto, que lleva el nombre de la artista, se escucharán tres de las composiciones de Ron, en la voz de un joven intérprete ecuatoriano: Fernando Vargas.
Medina guarda escritos inéditos y objetos que pertenecieron a su mamá. Dice que dos de sus hermanas heredaron de ella el don del canto, pero ninguna se dedica a este profesionalmente. Él, en cambio, heredó el gusto por el pasillo y la sensibilidad por la poesía.