En este año y medio de correísmo, la revolución ciudadana ha acaparado el control de casi todos los poderes del Estado y organismos de control. Todo ello, gentil cortesía de los políticos serranos y costeños que se farrearon el poder a costa del sufrimiento de las grandes mayorías. De todos esos políticos que pasaron de chancletas a zapatos italianos, o de los otros que pasaron de burócratas de medio pelo a empresarios exitosos de la leche, las flores y el petróleo.
En efecto, la revolución controla el Ejecutivo y el Legislativo, que ahora se manifiestan a través de los decretos supremos que emite la Asamblea autónoma de Montecristi. Huelgan comentarios acerca de la injerencia directa que aparentemente tiene el Ejecutivo en los organismos de control, lo cual se deduce de observar la nula fiscalización que hacen al actual Gobierno y el origen de las designaciones.
El Banco Central, del cual el Presidente dijo, durante la campaña, que debía desaparecer, por fin tiene las cifras correctas (para la farsa oficial) y nadie tan experto en esta materia, con tanta experiencia y tan ajeno a la política como su actual máxima autoridad, el ex ministro de muchos gobiernos.
Por su lado, la Corte Suprema está casi de rodillas, esperando la guillotina, y la Fiscalía más alineada que nunca, o mejor dicho, alineada al puro estilo de la partidocracia tradicional, tan criticada y tan bien emulada por los “corazones ardientes”.
Pareciera entonces que ya todo está consumado, que han hecho el trabajo completo, que ya no falta nada. Sin embargo, como dice Dieterich, mentor de esta revolución, o más bien mentor del líder de la revolución, el control de los medios de comunicación es estratégico para el éxito de la revolución.
Por ello, la demanda contra el Director de diario La Hora, las reiteradas agresiones verbales a los medios no alineados, el apoderamiento de diario El Telégrafo, el expediente en el Conartel contra Ecuavisa, la incautación de los medios de comunicación de los ex propietarios de Filanbanco, la reversión de la frecuencia de radio Sucre, los maltratos a la gordita horrorosa, a las bestias salvajes, al enano y al confinado a la casa de la v…
Como verán, la nueva ofensiva es para controlar el último pedazo del pastel… la prensa.
Como si no fuera suficiente con las abusivas cadenas gratuitas que inundan las programaciones de radio y televisión, o la publicidad oficial con fondos de todos los ecuatorianos, al parecer todavía falta el control de las plumas de los periódicos. Porque son esas plumas las que le dicen a la gente la verdad de lo que sucede en el Ecuador, no la novela que nos cuentan todos los sábados, sino la verdad.
Solo les falta la prensa, por eso los ataques, por eso las calumnias, por eso las pataletas en la kermés de los sábados. Ojalá la prensa no doble su brazo, como no lo ha hecho en siglos en el Ecuador y en el mundo. Sin prensa libre e independiente, no hay democracia. Aquí hace rato no hay democracia, pero algo de oxígeno nos queda con la prensa.