- SEP. 19, 2008 - Foto - Sucesos - EL UNIVERSO
Un vehículo policial realiza constantes patrullajes por la avenida Víctor Emilio Estrada, en Urdesa, para evitar los asaltos, sobre todo a los locales comerciales y del tipo sacapintas.
Hace tres semanas se incrementó el patrullaje, tras el repunte de robos en restaurantes.
El asalto a la cafetería Bopán, en Las Monjas de Urdesa, ocurrido el 4 de este mes, fue el detonante para que los comerciantes de ese sector exigieran más seguridad.
Días antes, otros atracos fueron cometidos como el de la boutique Shuppsy, ubicada en las calles Las Lomas y la Cuarta, de donde dos antisociales se apoderaron de $ 4.000.
“La delincuencia no solo que se lleva el dinero de caja, sino que nos deja sin clientes, porque ya nadie quiere comer en un ambiente inseguro”, comenta el propietario de un negocio de comidas rápidas de la av. Víctor Emilio Estrada, quien prefiere no dar su nombre.
Quejas como esta y el incremento de robos en toda la ciudad, sobre todo en restaurantes, obligaron a la Policía a adoptar nuevas medidas de control.
Hace tres semanas en la ciudadela Urdesa, la policía hizo un reajuste en la planificación de sus operativos para afianzar su control en las calles.
Uno de los cuatro oficiales que supervisa ese sector, indica que actualmente hay 47 uniformados con cinco patrulleros y once motocicletas.
A eso se suman los gendarmes de las tres Unidades de Policía Comunitaria (UPC) que tiene ese sector.
Estos gendarmes cumplen con operativos como el Tornado, que se realiza mínimo dos veces al día, y consiste en el cacheo de vehículos y transeúntes, en especial en las zonas comerciales y bancarias.
“Aplicando estas acciones ya no hemos tenido robos a locales en los últimos días y tampoco los asalto de sacapintas, que era un problema constante”, afirma el oficial, quien menciona que estos operativos también se están aplicando en las ciudadela Kennedy y Urdesa.
Los propietarios de los negocios confirman que hay mayor patrullaje. Inclusive, insisten en que se debe permitir que los guardias privados puedan portar armas en las zonas públicas para evitar robos.
“Si el repunte de atracos se dio es porque muchos dueños de locales despidieron a las compañías de seguridad porque de nada servía tener un custodio sin arma”, sostiene Carlos Carrillo, dueño del restaurante D’Andrés.
Además, hay otra clase de atracos que aún persisten. A las 20:00 del pasado lunes, por ejemplo, Silvia Granda fue asaltada en la av. Primera y calle Sexta por dos hampones que le quitaron una laptop valorada en 1.700 dólares.
Dos días después, a las 08:15, en la calle Sexta y av. Tercera, Miguel Salazar denunció que un delincuente se subió a su vehículo (no indica características) y lo obligó a conducir por tres cuadras, luego de lo cual le quitó su laptop y tarjetas de crédito. Posteriormente, el antisocial huyó en otro carro.