- SEP. 18, 2008 - Foto - El País - EL UNIVERSO
Ex prefecta.
Desmejorada e hipertensa. Así encontraron los delegados de la Human Rights Foundation, durante la visita que realizaron ayer, a la ex prefecta de Orellana, Guadalupe Llori , recluida desde hace nueve meses en la cárcel de mujeres de El Inca, ubicada al norte de Quito.
Alek Boyd, vicepresidente de operaciones de ese organismo, dijo que el trato que recibe en esta prisión es “denigrante”.
Según el funcionario, ha tenido que limpiar pisos por castigos que emiten las guías penitenciarias.
Por este motivo, ella no baja desde hace dos semanas a los espacios comunitarios.
Además, los directivos de la cárcel impiden las visitas regulares de familiares y de amigos, señaló el defensor de los derechos humanos.
Por ello manifestó que estas observaciones serán informadas al grupo de trabajo de las Naciones Unidas y se pondrá énfasis en “el trato degradante que recibe la ex prefecta por ser mujer”, manifestó Boyd.
En dos semanas más se remitirá una quinta carta al presidente de la República, Rafael Correa, relatando el trato que recibe Llori en este lugar, indicó el representante de esa entidad de derechos humanos.
En el nuevo documento se insistirá en las violaciones al debido proceso y el irrespeto a los derechos humanos.
Julio Sarango, abogado defensor de Llori, explicó que el caso judicial está en una etapa de impugnación luego de la decisión de la Corte Superior de Nueva Loja que pidió que se llame a juicio a la ex prefecta.
Sarango insiste en que no hay fundamento para la detención, porque la Contraloría no definió peculado en los dos contratos sobre la construcción de dos vías en Orellana, caso por los que permanece detenida.
Ayer, la visita de los representantes de la fundación se dio en medio de inconvenientes en el recinto carcelario.
Al principio los delegados no pudieron ingresar a la prisión. Además se prohibió el acceso a la prensa.
Sin embargo, después de una serie de conversaciones estos lograron visitar a Llori.
Boyd comentó que “lo más lamentable es el episodio de maltrato y humillación que tuvimos que pasar antes de llegar a la celda de Guadalupe Llori”.